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El Alcorcón salvó un punto en el tiempo de descuento. |
Foto: archivo |
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Todo parecía perdido; el Universidad vencía en el descuento, pero un testarazo en extraño escorzo de Vara, salvó los muebles para el Alcorcón. Era de justicia. Los de Anquela no hicieron su mejor partido de la temporada, pero no fueron, ni mucho menos, inferiores a un Universidad que demostró mucho oficio.
Los amarillos saltaron al castigado césped de Santo Domingo muy enchufados. La banda izquierda era una autopista donde se colaban permanentemente Ernesto y Cascón, que se dejaba caer por ésa banda. Lógicamente, los locales fueron los primeros en avisar. Dos disparos desde fuera del área, metieron el miedo a los canarios, que sólo buscaban la contra como recurso. En una de ella, llegó su único tiro entre los tres palos, al margen del gol; Futre remató a bocajarro un centro desde la derecha, pero Juanma, rapidísimo de reflejos, logró despejar el esférico.
Con el paso de los minutos, el ritmo fue bajando un poco, pero el Alcorcón no renunciaba a su característico juego de control y toque. El Univesidad, muy bien plantado sobre el terreno, desbarataba cada jugada que amenazaba su portería, salvo las dos últimas. Cuando la primera parte agonizaba, Iñigo López y Boja tuvieron el gol en su cabeza y bota respectivamente. El primero remató al larguero una falta lateral sacada por Mora, y el segundo, después de regatear al portero en una preciosa jugada personal, vio como in extremis un defensa sacaba la bola cuando todos los aficionados cantaban el gol.
La segunda mitad fue muy inferior en lo futbolístico. El Alcorcón casi nunca encontró su sitio, y el Universidad, sin hacer nada especial, fue ganando peso en el juego. Ya en el setenta y dos, una jugada por la izquierda, la iba a aprovechar Ángel Sánchez con un pelotazo desde la semi-luna de área que se iba a colar irremediablemente por la escuadra.
El 0-1 no hacía justicia, pero era lo que había. El mister del Alcorcón se la jugó con cambios ofensivos, pero su valentía no se veía recompensada. El juego no era fluido, su equipo se atascaba una y otra vez por el centro. Ya no se jugaba tanto por las alas y los isleños se frotaban las manos con los tres puntos que parecían en su bolsillo. Pero apareció la testa salvadora de Vara. Era de justicia, al menos la insistencia tuvo premio, por mucho que protestasen los futbolistas del Universidad, casi más por los puntos perdidos en la prolongación, que por los lances que ocurren en cada acción de área. |