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La afición del Ciempo, a su llegada a tierras extremeñas.
Foto: Esther Juaranz. |
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Lo que el sábado se vivió en Jerez de los Caballeros, es un ejemplo de lo que debería ser siempre el fútbol. Ambiente festivo, de bonita rivalidad que nunca debe perderse, pero sobre todo, de buen rollo entre ambos clubes e hinchadas.
400 aficionados del Ciempo, que madrugaron y se chuparon más de cinco horas de autobús para arropar a los suyos, fueron recibidos por su presidente Javier Trompeta, por la alcaldesa de Ciempozuelos, María Ángeles Herrera, -que por cierto, disfrutó como una más-, pero también por el presidente del Jerez, todo un detalle del señorío de este club que disputa su quinto play-off y que ha demostrado un saber estar que ya quisieran otros clubes para sí (sin ir más lejos la experiencia de la pasada campaña). El trato a la prensa, a los directivos del Ciempozuelos y a la afición fueron exquisitos, y la semana que viene serán recibidos como se merecen en Madrid.
Pues bien, esos aficionados que partieron desde la capital a las seis de la mañana, llegaron con toda la fuerza del mundo para llenar de cánticos y bufandas rojas y blancas la ciudad pacense.
Lo mejor, que en los bares de Jerez, se mezclaron pacíficamente con los aficionados jerezanos, la hermandad fue absoluta y hubo intercambio de bufandas, de cánticos... y de pinturas de guerra en la cara... en una mejilla los colores del Ciempo, y en el otro, los del Jerez.
Después, durante el partido, otro gesto para el recuerdo. Aficionados del equipo templario mezclados con los nuestros en una grada, animando a los equipos y dedicándose elogios. Todo un ejemplo de lo que es y debe ser siempre la fiesta del fútbol. |