|
Estoy leyendo un libro escrito por Torcuato Luca de Tena titulado "Los renglones torcidos de Dios". La novela se desarrolla en un manicomio, en el que la protagonista principal, también enferma, se encuentra con personas que sufren distintos tipos de desequilibrios mentales. Es de estos libros que te enganchan, necesitas leer un par de capítulos antes de acostarte, aunque estés cansadísimo. El pasado domingo tuve ración doble de locura. Leí los dos capítulos de rigor... después de haber visto, sin despegar los ojos de la televisión, el Atleti-Getafe. ¡Qué locura de partido, qué de "renglones torcidos"!
15 amarillas y 6 rojas, el récord de la Liga. El Getafe tuteó al Atleti, fue mejor que el Atleti. Pero no tiene al uruguayo, a ese pedazo de crack llamado Forlán. El otro uruguayo, Albín (qué zurda tienes...), perdonó dos ocasiones de las que te dejan insomne durante semanas. Aparecen y reaparecen noche tras noche en múltiples pesadillas. La primera, homenaje a Cardeñosa. La segunda, con todos los hados, "meigas" y diablillos en contra del chaval. Sigo sin explicarme cómo esa pelota no entró en la portería.
Muchos "renglones torcidos" en el derbi del Calderón. Primera amarilla al "Kun" sin dar una patada. Segunda amarilla al "Kun" sin dar una patada. Roja al "Kun" sin dar una patada. Así cuidan los árbitros españoles a los genios. Maniche le hace una entrada criminal al "Cata" Díaz y no es expulsado. Muy bien ese criterio, señor colegiado. Segunda amarilla a Licht por tocar el balón. Vamos, que Clos Gómez también se unió al día del "renglón torcido".
Autoexpulsión del "Pato" por tocar el balón con la mano fuera del área. Lo más cachondo es que sale el portero argentino de la ducha y dice: "No, bueno, pensé que nos quedaba un cambio". O sea, que de haber sabido que Laudrup ya había hecho los tres, no hubiera tocado el balón con la mano. No entiendo nada. La verdad es que los guardametas siempre han estado un poco locos. Llevar guantes es sinónimo de "renglón torcido".
Y esquizofrenia absoluta la de Reyes. Su equipo pasa de tener un jugador menos a afrontar los últimos minutos con uno más y con el marcador a favor. Pues en esas aparece el rey de los "renglones torcidos" para patear a un contrario y demostrarle a Aguirre que se merece lo que le pidió, más minutos en este Atlético de Madrid.
El pasado domingo, el Calderón se convirtió en un manicomio, en el que los únicos cuerdos fueron los aficionados, que, eso sí, celebran con "locura" (sana) que el Atleti vuelve a ser un grande del fútbol español. Lo demás, una "locura" (insana), como este artículo que estás leyendo, auténticos "renglones torcidos". Como el libro que tengo delante. Me voy a leer otros dos capítulos. |