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La presente es la octava temporada consecutiva del Alcorcón en Segunda B. Todo un récord para el club amarillo. Salvo en su segunda campaña en la categoría de bronce, nunca pasó sofocones para lograr la permanencia. Sin embargo, este curso los alcorconeros están sufriendo más de lo esperado. Transcurridas 21 jornadas, el equipo de Óscar Garro se sitúa en puestos de promoción y a un punto del descenso directo. Ha sumado seis victorias, todas por un gol de diferencia y cuatro de ellas en los instantes finales. Asimismo, ganó sólo uno de los últimos diez encuentros. Evidentemente al Alcor, hoy por hoy, no le sobra nada.
Si se repasan los fríos números de la campaña alcorconera hay un detalle que sorprende: ninguno de sus futbolistas ha logrado marcar más de dos goles en todo el torneo, siendo la única plantilla de categoría nacional que no supera dicha barrera. Seis jugadores han anotado dos tantos: David Sanz, Víctor Blanco, Sebas, Juanpe, Rubén Sanz e Íñigo López. Un punto de vista optimista defendería que el equipo posee alternativas para llegar al gol. No obstante, también podría afirmarse que el cuadro madrileño ha carecido en el campeonato de un hombre enrachado. Si hasta Gonzalo Rico, que el año pasado firmó nueve tantos con el Sanse, ahora apenas suma una diana. Como si la bajada de persianas fuera generalizada cuando se pisa el área rival.
Para curar esta fiebre 'amarilla’ que padece el Alcorcón, cualquier futbolero soltaría el tópico “hay que seguir trabajando y esperar a que la suerte cambie”. También valdría la frase “debemos recuperar la confianza”. Ninguna objeción. Esta enemistad con la red me recuerda a una anécdota del fútbol argentino sobre Ángel Amadeo Labruna. En 1940, un año después de debutar en La Máquina de River, el entonces joven delantero argentino atravesaba una larga sequía goleadora. Renato Cesarini, quien era el técnico, se acercó y le dijo: “Ángel, lo que pasa es que el arco y vos dejaron de ser amigos. Antes de cada partido acercáte, mandále un tirito y hacéte amigo de nuevo”. El domingo siguiente Labruna le hizo caso. Antes del choque ante Huracán, se arrimó a la portería rival y con el marco vacío mandó el balón al fondo, se acercó a la red y mantuvo un diálogo íntimo con ella. El encuentro terminó 2-0, con un doblete de Labruna. El Feo repitió tanto el ritual en la previa de los partidos que hasta la hinchada riverplatense celebraba jubilosa ‘el golcito de mentira’, como él mismo le llamaba. De dicha manía surgieron infinidad de anécdotas, pero ésa es otra historia, como su entrañable relación con Alfredo di Stéfano. La Saeta creció aprendiendo de Labruna, de quien luego supo ser suplente y hasta compañero de ataque en River. Lo relevante es que Labruna convertiría 292 goles ligueros entre 1939 y 1959, el máximo artillero argentino de la historia.
El próximo domingo el Alcor recibe al Fuerteventura, tercero en la clasificación y a un punto del líder. Si algún jugador amarillo se anima puede probar el método ‘Labruna’. Está claro que éste, carente de rigor científico, no garantiza el éxito. Sin embargo, todo lo que han hecho hasta ahora tampoco ha funcionado. Por probar... |