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El Getafe rubricará el pase a cuartos ante el Benfica
Foto: archivo. |
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“Sin mí, el Benfica nunca volverá a ganar una copa europea”. Con esta lapidaria frase se despidió Bela Guttmann como entrenador del club encarnado. Transcurría el verano de 1962 y el equipo lisboeta acababa de proclamarse bicampeón de la Copa de Europa con un equipazo liderado por Eusebio, António Simões, Coluna, José Augusto y José Torres. La cuestión fue que Guttmann (Hungría, 1900-1981) pidió una mejora de contrato tras el segundo título europeo (5-3 en la final al Madrid de Di Stéfano, al que no le alcanzó con un triplete de Puskas), porque él consideraba que “la tercera temporada al frente de un equipo es la más difícil para un entrenador”.
Las diferencias con la directiva del Benfica fueron insalvables y fue ahí cuando Guttmann profirió su agorero mensaje. Meses después, su ex equipo perdía la final de la Intercontinental ante el Santos de Pelé, pero como no se trataba de una final ‘europea’, y además el equipo seguía arrasando en el Viejo continente, nadie se acordó de las palabras del húngaro.
Por entonces, la vida de Bela Guttmann ya era novelesca. Nacido en Budapest en el seno de una familia judía, jugó como volante en su país –llegó a ser internacional–, en Austria y Estados Unidos, donde se refugió tras el creciente antisemitismo en Europa. Luego comenzó una carrera como técnico al que era difícil seguirle la pista: diversos clubes de Austria, Holanda, Hungría e Italia, donde hasta dirigió al Milan. En 1957 el revolucionario estratega llegó al Sao Paulo. Allí fue un pionero en la aplicación del 4-2-4, sistema que después emularía la primera selección brasileña campeona mundial en 1958. Más tarde recaló en el Oporto. Un título con los Dragões le catapultó al Benfica. Allí prosiguió con su estela ganadora, la de un hombre verborrágico, irascible e inimitable, que era capaz de irse a una barbería a conocer, convencer y fichar a un ignoto futbolista mozambiqueño llamado Eusebio. Su leyenda en los banquillos prosiguió por Uruguay, Chipre, Suiza y Grecia, pero ésa es otra historia.
La verdad es que tras su alejamiento del Glorioso, el Benfica disputó seis finales europeas, todas saldadas con derrotas: cinco Copas de Europa –1963, 1965, 1968, 1988 y 1990– y una UEFA –1983–. A tal punto llegó la creencia en el mal fario que antes de la final en 1990 ante el Milan en Viena, donde Guttmann fue enterrado, Eusebio fue a rezar a su tumba para terminar con la leyenda. El intento fue en vano. Hace dos años, parte de la directiva del club de las Águilas visitó al cementerio para realizar una ofrenda. Poco después el Benfica cayó eliminado por el Barcelona en Champions.
Ante tanta superstición, Eusebio quiso poner un poco de cordura y declaró que sería injusto recordar al míster por aquella frase. “Guttmann fue mi entrenador durante tres años y con él ganamos todo. Tengo un gran recuerdo de él tanto a nivel humano como futbolístico”, señaló la Pantera Negra. Sin embargo, en el Estadio da Luz, no todos están tan de acuerdo. |