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El fútbol es de los futbolistas. Fue, es y será siempre así, aunque también es innegable la influencia que tiene un entrenador para sacar el máximo provecho de una plantilla. A cada uno lo suyo. Por ello sería injusto personificar únicamente en la figura de Juan Antonio Albacete ‘Anquela’ la salvación alcanzada por el Alcorcón tras golear 3-0 al Vecindario. No obstante, tiene mérito lo de este técnico, que cogió a un equipo que estaba a cuatro puntos de la permanencia y que termina salvándose en la penúltima jornada. Con el míster linarense en el banquillo, el cuadro amarillo logró 21 puntos en once jornadas. Además, el domingo en el Prado de Santo Domingo se vieron tres goles locales por primera vez en la temporada (buena forma de despedirse de la afición), todos en el primer tiempo.
Anquela vuelve así a demostrar que su fama de apagafuegos no es cuento. Tras doce años en el Jaén, con el que subió dos veces a Segunda, sacó el carnet como piloto de tormentas en el Huesca en la 2004/05. Luego, con matices, repitió salvación en el Melilla y en el Águilas. En el ambiente futbolero es fácil colgar rótulos, pero en el caso del técnico andaluz no puede hablarse de casualidad: cuatro años descorchando antes de la última jornada. No soy partidario de los cambios de entrenador a mitad de temporada, pero con los resultados en la mano hay que darle la derecha al presidente Esteban Márquez, que destituyó en febrero a Óscar Garro, un hombre de la casa y que llegaba precedido de éxitos.
Esta permanencia permite a la Agrupación Deportiva Alcorcón estar por novena temporada consecutiva en la Segunda B, todo un récord para el club amarillo y que también tiene a su presidente como principal responsable. Esteban Márquez, de 70 años, asumió el cargo en 1995. Entre 1999 y 2000 se lograron dos ascensos consecutivos, pasando el equipo de Preferente a Tercera y de ésta a la categoría de bronce. No es fácil para un club madrileño mantenerse allí durante nueve campañas seguidas. Analicemos sino al resto de equipos, sin contar al Castilla y Atlético B (no termina de quedarme claro cuál es el objetivo de los filiales dentro del fútbol profesional). Históricos como el Rayo Vallecano y el Leganés intentan desde hace tres años regresar a Segunda. Por otro lado, el Fuenlabrada y el Sanse descienden de forma conjunta tras un lustro. Con el Alcalá intentando su regreso, las efímeras experiencias del Cobeña, Naval, Móstoles o Majadahonda ratifican la dificultad de perpetuarse en la categoría. Justo premio para Esteban Márquez, quien tras décadas dedicado al ciclismo como director deportivo, un día se volcó al fútbol para acompañar a su hijo Juan Carlos. Sí, el ciclismo puede haber perdido a un buen directivo, pero el fútbol ganó un gran presidente. La ciudad, y la afición, agradecida. |