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| Chema Ramos, míster del Parla | Foto: archivo |
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Hace poco escribía mi amigo Antonio Fuentes un blog en esta página hablando de la poca paciencia que tienen los clubes en el asunto de los entrenadores. La fulminante destitución de tres técnicos de Tercera con sólo seis jornadas disputadas resulta un dato revelador de lo que es el fútbol en nuestros días. Si el equipo no tiene resultados, todas las miradas, o casi todas, se dirigen al banquillo.
Pero ¿qué ocurre cuando un equipo funciona? ¿es sólo mérito de los jugadores? Adentrándonos en un banquillo de Tercera nos damos cuenta de que no es así, de que el entrenador y su segundo tienen mucho que ver en el buen funcionamiento de un equipo. Al menos en el caso que me ocupa, el del Parla, el único equipo del Grupo VII que no conoce la derrota y que está por méritos propios líder en la tabla.
Parte de culpa de ese éxito la tienen Chema Ramos y su ayudante “Rufo”. Ambos han trabajado duro para que el equipo esté donde está. Además, su mano se nota en el vestuario, que transmite buen rollo y compromiso, dos de las cosas más importantes a la vez que complicadas y que pueden provocar el fracaso o el éxito de un equipo, al menos para mí.
Chema y “Rufo” se compenetran a la perfección, al menos eso es lo que no cuenta Chema Ramos para el que su ayudante “es un gran entrenador y una buenísima persona. Desde que le conozco desde la temporada pasada me ha facilitado mucho el trabajo. Además, confío ciegamente en él porque nuestra compenetración es total. Es como si le conociese de toda la vida”.
Las palabras del entrenador parleño no pueden ser mejores hacia su ayudante. Hasta el punto de confesar que “todas las decisiones las consensúo con él, me da su punto de vista de los partidos por si se me ha pasado algo. Resulta fácil trabajar con él porque tenemos la misma visión del fútbol y las cosas”
El Parla es líder, juega bien y da sensación de equilibrio, ese que se necesita para el asalto a Segunda División B. Es la importancia de tener un buen tándem.
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