Estamos en plena fase de ascensos. Equipos que se juegan una temporada en cuatro partidos. Clubes modestos que se visten de protagonistas durante un mes en el que la tensión, los nervios y los contrastes no cesan. Ése fue por ejemplo el caso del Ciempo.
Da gusto acudir a un estadio de Tercera y no encontrar aparcamiento fácilmente. Uno echa un vistazo a la grada y calcula pero no se hace a la idea de que 2.500 personas son una barbaridad, tratándose de equipos madrileños que sufren el amparo de los poderosos de Primera. 2.500 corazones unidos en torno a un sueño.
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