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| Laudrup, el míster del Getafe. Foto: archivo |
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Compruebo con cierta incredulidad el juicio público al que se está viendo sometido Michael Laudrup. El que, hasta el miércoles a las 22.00 horas, era uno de los principales artífices de la temporada que estaba protagonizando el Getafe, ha pasado a ser el culpable de todos los males del equipo. No entiendo nada, o soy muy tonto (que puede ser) o un ignorante que desconoce el más allá (que también).
Observo a Celestini cargando contra el míster por no poner “a los viejos” y diciendo “que con ellos el equipo no hubiera encajado dos goles al principio”, en un ejercicio de egoísmo y falta de respeto hacia los compañeros increíble de un futbolista al que admiro profundamente.
Es momento de unión, –como dijo Belenguer en zona mixta tras la debacle ante el Levante “la unión hace la fuerza y en los momentos difíciles es más sencillo”– es lógico que a los futbolistas les duela más que a nadie la caída y más si son gente tan comprometida como el capitán, pero es ventajista extraer estas conclusiones a toro pasado.
Cuando el Getafe paseó orgullo por Europa todo funcionaba bien, el míster era valiente, ahora es un inútil que no sabe interpretar un partido. Los “cuatro viejos” (Cotelo, Pato, Celestini y Belenguer) estuvieron presentes en la derrota ante el Bayern y a nadie en su sano juicio se le ocurriría culparles de ese mazazo, sino todo lo contrario, gracias a ellos el Getafe se mantuvo de pie.
Y digo bien, el Getafe se mantuvo en pie, el equipo perdió, llegó hasta allí logrando casi un milagro, igual que el equipo fue el que se plantó otra vez en la final, y fue el equipo el que la perdió. La victoria tiene un centenar de padres, pero la derrota es huérfana. |