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Higuaín pasó a la historia del Real Madrid con su gol en Pamplona, no ha sido un gran año para el argentino pero ese tanto le ha consagrado en los corazones de los merengues. En la época moderna del Getafe hay varios nombres que nunca olvidarán los fieles azulones. Miguel Pérez marcó en el último minuto ante el Alicante un gol que sirvió para que in extremis el equipo de Felines se metiera en la liguilla cuando todo estaba perdido.
Iñaki se encargó de anotar el gol que ascendía en Motril al cuadro ya presidido por Ángel Torres. Luego llegaron los goles de Miguel Ángel ante el Numancia y Ciudad de Murcia y de Gari ante el Éibar, cuando comenzó a hablarse de marea azul, con el Coliseum teñido de azul. Ellos permitieron que el equipo de Uribe mantuviera las esperanzas.
Hasta que llegó Pachón. Él ejemplifica a la perfección lo que significa un gol, pero multiplicado por cuatro y medio. Será difícil que algún futbolista pueda proporcionar una alegría más grande a una afición con una exhibición de precisión de tal calibre. Después del milagro de Pachi, fueron cayendo los goles de Gallardo, (el primero de primera) contra el Espanyol, de Albiol contra el Madrid, de Pernía en el Calderón y los de Güiza, Vivar y Casquero ante el Barça. Este año ha sido prolífero en gestas y en ellas han aparecido Contra en Munich, Braulio en Londres, Belenguer en Enschede, Casquero en Santander… y Manu.
El jienense andaba peleado consigo mismo, ansioso por ayudar, desesperado por golear. Un futbolista comprometido con la causa, con corazón azul, agradecido y muy talentoso que hasta el choque ante el Almería estaba gafado. Apareció, revolucionó el choque, y mató, como sólo los grandes son capaces de hacerlo. Remontó el partido y salvó al Geta, nos salvó la vida. Y provocó que en el futuro sigan apareciendo más héroes. |