Cuando escribo un texto, ya sea de longitud corta, media, larga o insoportable, siempre me asalta el mismo miedo: que el lector no llegue al final. Yo soy miembro honorífico del taruguismo tecnológico, pero los que controlan de esto valoran más el tiempo de permanencia del receptor en una página que el simple hecho de pinchar en el enlace. Os cuento esto porque voy a comenzar estas líneas trufadas de muchos elogios por lo malo, por si acaso tú, querido lector, no llegas al the end. Y lo malo empieza por mí.

Me equivoqué. Me equivoqué cuando publiqué que el proyecto de Felipe Moreno y María Victoria Pavón en el Leganés era deficiente. Fue hace ya unos cuantos años, cuando los pepinos eran diminutos y la nave blanquiazul se tambaleaba en el fútbol de bronce. Insisto: erré. El proyecto es bueno. Y no sólo por el hecho de haber hecho historia y colocado al Lega en Primera División, sino porque detrás de esa hazaña se esconde un amplio abanico de aciertos. Enseguida los repasamos. Pero antes seguimos con lo malo.

     Porque este Club Deportivo Leganés (cómo me gusta llamarlo así en las narraciones de los partidos por la radio) también tiene defectos. Aquí los expongo con el ánimo de construir y de hacer pensar. No entiendo la costumbre de no hacer públicas las convocatorias, ni dentro ni fuera de casa. Ni la ausencia de partes médicos, lo que provoca que el hincha se entere diez días después de que Gabriel Pires se perdió el partido contra el Málaga por paperas. Y tampoco la escasez de ruedas de prensa, lo cual mejoraría aún más la actividad mediática de los pepineros en un mercado copado por el Madrid y el Atleti. Ya está, se acabó lo poco malo.

Este Lega es muy bestia. En la creatividad, como demuestra con sus carteles semana tras semana. En los pequeños detalles, como el cariño y el amor de conceder los saques de honor a personas fieles al sentimiento pepinero. En el trabajo de sus empleados, profesionales intachables que se esfuerzan cada día por exhibir los valores de una entidad con mucho calado en el fútbol madrileño. Estoy disfrutando del enorme privilegio de hacer los partidos del Lega en Primera para Onda Madrid y es muy reconfortante recibir el cariño y el respeto profesional (y personal) de gente como Dani Abanda, José Bermejo y Jaime del Campo, personas a las que considero mi gente porque siempre han sido de los nuestros. En Butarque se curra de maravilla, y eso para un periodista es muy reconfortante.

     Este Lega es muy bestia también en lo deportivo, que al final es la madre del cordero. 29 jornadas sin estar en descenso. Jugadores como Víctor Díaz, Alberto Martín o Mantovani que inyectan el veneno del escudo a los nuevos. Un entrenador inmejorable que lleva dos ascensos y va camino de otro, porque eso sería la permanencia en el cajón de los mejores. Un director  deportivo (Txema Indias) que dio un recital de libreta en invierno con fichajes decisivos que han elevado el nivel de la plantilla. Y la sensación de competir siempre y ante casi todos en Primera, algo que nunca es fácil para aquel que se asoma por primera vez a las nubes más altas.

Esta semana el Madrid visitará por primera vez Butarque en un choque liguero. Eso es la leche. Eso es el pepino más grande posible. El club también ha conseguido crear una atmósfera de fútbol bestial en su estadio. Siempre lleno, siempre caliente. El Leganés ha castigado a aquellos socios que han intentado hacer negocio con la visita del Madrid. Olé. Por hacerlo y también por hacerlo público. Retirada de abono y disuasión para los demás. Perfecto. A falta de 9 jornadas para la meta, la sensación es que este equipo se va a salvar. Una consecuencia de lo bien que se está realizando el trabajo en las oficinas, en los despachos, en el campo y en los cerebros. Ante la inminente llegada del líder, que quede claro que este Lega también es muy bestia. 

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