CARLOS S. BLAS | La paradoja Gameiro

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Os confieso que a día de hoy aún no sé si Kevin Gameiro es jugador para el Atlético de Madrid. Con el francés vivo instalado en una continua paradoja. A veces pienso que un ariete que falla dos de cada tres no puede ser indiscutible en un equipo campeón, otras que su capacidad para jugar sin balón es imprescindible para, entre otros, la gran estrella colchonera, ese tipo que se llama Antoine y se apellida Griezmann. En ocasiones sus decisiones sobre el campo me transportan a la convicción de que sólo puede ser un complemento, pero en otras asistir a dos fantásticos catálogos de delantero en Gijón y Leverkusen activan un amor incondicional hacia el pequeño delantero galo.

Gameiro siempre me ha gustado. Pero desde la paradoja. La misma que durante muchas semanas provocaba que Emery exprimiera las mejores condiciones del francés desde el banquillo de suplentes. La misma que con unos registros notables le dejó fuera de la Eurocopa de Naciones, por detrás de secundarios lejanos al fútbol de élite como Gignac. La misma que hace que un día parezca Monsieur y otra “Gatillé”.
Posiblemente sea un debate pelín tartufo, ya que la primera paradoja es comparar a Kevin con Diego Costa o Aubameyang, primeras opciones (imposibles) del Atleti el pasado verano. Ni Chelsea ni Dortmund se avinieron a negociar y el propio Simeone le reconoció a Gameiro que nunca fue el primer dardo. El ex del Sevilla no está en el primer escalón de delanteros del mundo. Pero tampoco en el tercero. La incógnita que aún no he conseguido resolver es si desde el segundo peldaño de la escalera le sirve al conjunto rojiblanco para, por ejemplo, pelear una vez más por la Copa de Europa. Ay, esa terrible y, de momento, irresoluble paradoja.

Gameiro suma nueve dianas en la Liga. Las mismas que Griezmann y sólo por detrás de Aspas y los marcianos Cristiano, Suárez y Messi. En la Champions son dos y y en la Copa otros dos. Son números muy decentes, a los que hay que sumar su enorme capacidad para asistir y para dejar espacios a sus socios de vanguardia, como evidenció la colosal jugada del segundo gol en el Bay Arena. Ojo, el gesto espontáneo de Griezmann implorando al Cholo que no lo cambiara es muy editorializante. Kevin es uno de esos arietes especiales que muchas veces te arrastran a la convicción de que rinden más 30 minutos como suplentes que 70 como titulares. Febrero, el mes más corto del año, me ha servido para tener claro que Torres ha de ser la pareja de Griezmann… y también para todo lo contrario.
Creo que, en su mayoría, los hinchas del Atlético de Madrid manejan la misma paradoja que yo. ¿Cuánto de bueno es Gameiro? ¿Y cuánto de imprescindible en una escuadra del potencial de los rojiblancos? La paradoja sigue ahí y de momento no se quiere ir.

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