CARLOS SÁNCHEZ BLAS | Una gigantesca decepción

1
1322

Alguna vez os he reconocido por estos lares que me gusta más escribir cuando la nevera se vuelve a poner en paralelo con el horno. Más que nada porque pienso que el texto va a reflejar unos argumentos más cabales, o como mínimo más reposados. Si uno se lanza al folio chamuscado por la última sensación, está comprando un buen taco de papeletas para perderse en la profunda impotencia que provoca una eliminación difícil de asumir.

Yo estaba convencido de que España iba a apear a Rusia. Antes del duelo, con 0-0, con 1-0, con 1-1 y también en la prórroga. Cuando el colegiado silbó en el minuto 121 me invadió la sospecha de que Rusia se lo llevaba, aunque un hueco muy aislado de mi corteza cerebral aún me susurraba que quizá De Gea podría aprovechar la gran oportunidad de su carrera deportiva. Pero no. Tercer gran evento en el que la Selección no supera los octavos, un ciclo tan acusado y exagerado como el que nos bañó en gloria entre 2008 y 2012.

Sí, España debía haber ganado a Rusia. Así lo creía yo, con la misma seguridad que el pavor que me daba la hipotética ronda de cuartos ante los croatas. Antes de ahondar en los motivos de este terrible gatillazo, quiero argumentar esa convicción. España es mucho mejor que Rusia. Y abrazándonos con pasión a una hipérbole absurda, también lo sería con Lopetegui de masajista, Rubiales de central, Hierro de presidente y hasta De Gea de mediocentro. Hay mucha, muchísima diferencia entre ambos equipos. Por eso ese partido en un cruce de la Copa del Mundo siempre hay que sacarlo adelante.

El Mundial de España es un empate contra Portugal, una victoria pírrica, sufrida y de rebote contra Irán, un empate agónico contra Marruecos y una eliminación frente a un rival del tercer nivel europeo. Una pifia enorme con un grupo asequible y unos cruces divinos para llegar lejos. La decepción es terrible. Mucho más que en Brasil 2014 y Francia 2016, donde los campeones sufrieron el síndrome del empacho y las taras del final de un ciclo. Lo de Rusia es incomprensible porque este grupo había completado una transición muy ilusionante desde la llegada de Julen Lopetegui. La función del Luzhniki fue como el regreso al delbosquismo tardío, esa insultante posesión en la que el balón, las cabezas y los jugadores circulan infinitamente menos rápido de lo que lo hacían en la etapa gloriosa.

Lopetegui renovó la Selección. No solo algunas piezas, sino la pizarra y las variantes en función de lo que España se encontraba enfrente. Sazonó el estilo y amplió los registros. Abrió de par en par las puertas y ventanas, reinyectó el veneno de la ilusión e hinchó las confianza de una plantilla de elegidos buenísima. Escrito todo esto creo que con Lopetegui en el banquillo (ojo, para mí la destitución fue un error), el desarrollo y desenlace del torneo hubieran sido parecidos.

Porque los principales responsables son los futbolistas. Muy pocos rindieron a un nivel notable o siquiera se acercaron a él. Ramos, Piqué, Carvajal, Alba, Busquets o Silva han estado muy mal en esta Copa del Mundo. Asensio no ha roto en ningún momento. Iniesta no tenía en la caja de cambios más de una tercera marcha. Y luego está lo del portero. Para mí el fallo ante Portugal es casi lo de menos. Lo asombroso ha sido su nula confianza durante todo el Mundial, su incapacidad para rebelarse aunque fuera gestualmente, su inexpresiva tanda de penaltis, desesperante si la comparamos con el hambre y carácter de Subasic y Schmeichel unas horas después. David, que es un gran guardavallas pero para mí nunca estuvo en el selecto escalón del nivel 1, deja atrás un Mundial personal al que varias horas después y ya con el sello en el pasaporte de la eliminación me cuesta encontrar una causa justificable.

El entorno de los actores no ayudó en nada a los verdaderos protagonistas del show. Ni Lopetegui, ni Rubiales, ni Hierro, que no fue capaz de encontrar un solo minuto de fútbol para Saúl Ñíguez, probablemente el mejor todocampista del balompié español. Pero aún con esos obstáculos es increíble que este gran equipo formado por grandes futbolistas se haya bajado tan rápido de un Mundial que en condiciones normales los hubiera llevado en calesa hasta, mínimo, los cuartos de final. Este final era impensable hace tan solo unas semanas. Ha sido una gigantesca decepción.

1 comentario

  1. Nos queremos apuntar a todo,…ligas, champions, uefas, eurocopas, mundiales. El ojo crítico también va para el periodismo más local como el vuestro, donde nadie pone el foco en el mercantilismo del fútbol moderno, donde la ingente cantidad de partidos durante la temporada dejan fundidos a los futbolistas más representativos que integran esas selecciones “en teoría” más potentes, y que deberían aparecer por las rondas finales, y a cambio dejan secuelas importantes en los mismos, porque saben que no llegan en las mejores condiciones, pero creen que la inercia de la historia les hará inmortales. Y nada ocurre por casualidad, ni siquiera justificable por el bochorno del ego y el reparto de poder en el furbo español, sino mirar las selecciones que se quedan por el camino antes de tiempo (Italia ni entra, Alemania, España, Brasil,…..) siendo consideradas las que tienen las mejores ligas del planeta o los mejores jugadores del mundo jugando en sus ligas,….dejando como recuerdo mundiales con partidos descafeinados de los que no se acuerda nadie. Es para que nos lo hagamos mirar, y también vosotros miraros el ombligo alguna vez para que de vez en cuando salga la frase que tu bien conoces de “odio eterno al fútbol moderno”. La único bonito de todo esto es que aparezcan nuevos ganadores, aunque parece que esto también nos duele…..

Dejar respuesta

Escribe tu comentario
Por favor, introduce tu nombre

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.