Daniela Elena Postolache debuta este domingo como asistente en Tercera división en el Trival-Parla. Un estreno doblemente especial, ya que lo hará junto a su pareja Sergio Maroto Criado, uno de los colegiados ‘veteranos’ del grupo VII, en el que cumple su sexta temporada. “Me lo tomo normal, como un partido de mi categoría, aunque es cierto que cuando recibí la designación me emocioné mucho. Estoy con muchas ganas de que llegue el partido”, asegura la colegiada, que reconoce que cumple un sueño: “Arbitrar con Sergio me hace sentir tranquila porque tiene muchos años de experiencia y me gusta cómo arbitra. Claro que es muy especial, llevamos mucho tiempo esperando este momento y la verdad que lo hemos soñado desde el día que empecé la aventura del arbitraje. Ahora por fin se cumple, así que a disfrutarlo”.

Daniela, que ha ascendido esta campaña a Primera de Aficionados, forma parte de la ‘escuadra’ de Maroto Criado, los asistentes que cada colegiado puede elegir al principio de temporada. “Ya lo habíamos hablado hace mucho tiempo. No sólo es por la ilusión que tiene, es que lo hace bien”, explica Sergio Maroto, que añade la complicidad como uno de los factores importantes a la hora de formar el equipo arbitral: “Ayuda, pero no sólo con ella. Al final, los árbitros pasamos mucho tiempo juntos y hacemos un equipo. Cuando haces la escuadra, el resto de los compañeros son también del círculo de amistades, con gente que confías. No es tanto buscar uno muy bueno. A veces compensa tener un compañero antes que al mejor, porque todos pueden fallar”.

Él fue quien la enganchó a ella al arbitraje. “La conocí fuera de este mundillo. Ella corría, hacía carreras por su cuenta… Un día le dije que me fuera a ver a un partido porque me hacía ilusión. Me empezó a preguntar y se apuntó al curso que se daba de enero a mayo. Le gustó y se enganchó. Ella lleva desde la 2014/15 y ha ido subiendo año a año”, explica Sergio, que destaca las virtudes de Daniela: “Tiene dos cosas fundamentales, carácter y personalidad, aparte de la ilusión. Son tres pilares fundamentales. Lo primero siempre es tener ganas, más allá de lo económico, que es un enganche al principio pero luego no compensa tanto. Si es por dinero, al final lo dejas”.

Rompiendo tabús

La presencia de mujeres en el arbitraje es cada vez más habitual, aunque el camino no es sencillo. “A nivel profesional, la exigencia de las pruebas físicas las condiciona porque deben hacer los mismos tiempos que los chicos. En el amateur, ellas tienen tiempos más favorables y sí pueden pasarlas con más facilidad. Hasta Tercera es más fácil, pero dar el salto a Segunda B es más complicado. Tienen todo a favor porque se vuelcan con ellas, pero a nivel profesional aún va a costar ver a mujeres. Se está rompiendo el tabú y eso es algo positivo. Desde la grada parece que también se va respetando más porque no es tan extraño ver a una mujer”.

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