Cinco jornadas después el Internacional de Madrid volvió a ganar. La peor racha de la temporada, y por ende de su historia en Segunda B saltó por los aires en la fábrica de futbolistas de uno de los históricos del fútbol español: el Deportivo de la Coruña. Concretamente contra su filial.

El partido no tuvo mucha miga, ni mucho que contar. A pesar de estar en el estreno de la segunda vuelta, el choque fue el típico de la categoría del segundo tramo de la competición, tirando hacia el final de la temporada. Dos equipos en mala dinámica, con miedo a perder y empeorar más su posición; pensando más en la portería propia que en la contraria. Sin complicaciones, arriesgando lo justo, no importando tanto la forma como el fin. Aunque no se puede decir que el partido fuera un intercambio de pelotazos, el fútbol fluido apenas existió. Aunque los futbolistas miraban a su lado cuando tenían el balón para ver si podían combinar con un compañero que estuviera cerca; lo cierto era que ante la más mínima duda el balón salía disparado lejos para evitar cualquier tipo de problema.

A estos condicionantes, hubo que sumarles otras dos connotaciones negativas. Una para los dos, que era el estado del césped, que aunque no se levantaba, estaba muy irregular y tampoco ayudaba. La otra la concentración de partidos para los de Boadilla, que cuarenta y dos horas antes, acababan de finalizar su partido de Copa RFEF frente al Bergantiños. Aunque Marcos Jiménez introdujo seis novedades en el once con respecto al partido copero, este último condicionante pesó más en las cabezas de los jugadores madrileños en la segunda mitad. Porque pareció más mental que otra cosa, puesto que se vio a los interistas muy enteros físicamente, y aunque Tamayo se retiró con alguna molestia, ningún futbolista madrileño dio sensación de cansancio.

Como decimos, el choque tuvo poco que contar. El Deportivo Fabril, como buen filial, trataba de tener más el balón, pero había poco ritmo. El choque tenía mucha lucha, mucha intensidad, mucha disputa y mucha pelea, pero el juego era trabado. Al balón le costaba avanzar hacia cualquiera de las dos porterías con claridad, y ninguno de los dos equipos era capad de crear peligro real. Aunque ambos equipos rondaron las áreas en la primera mitad, no lograban finalizar con acierto. De hecho, cada portero solo tuvo que intervenir una vez en la primera mitad. El primero fue el cancerbero local, en un disparo lejano de Alvar Herrero. Por su parte, André tuvo que meter una buena mano abajo al debutante local Abeledo, tras recibir un balón en profundidad y marcharse en velocidad de la zaga.

La segunda mitad resultó más entretenida y algo más vistosa. El filial salió más volcado y con más intención, dada su necesidad de puntos. Por su parte, el Internacional cedió metros, se metió en su campo, bien plantado con su 4-4-2 sin dejar espacios y esperando una contra, cediéndole el balón a los coruñeses. Unos coruñeses, que tocaban estérilmente, sin peligro, y sin hacer sufrir a los visitantes. De hecho, aunque la iniciativa corría a cargo de los gallegos, las ocasiones más peligrosas fueron para los interistas. Aunque Uxío remató en el área pequeña y Bicho obligó a estirarse a André desde fuera del área, las dos más claras fue para un activo Rafa Mella rozó el gol en dos ocasiones a centro de Alvar Herrero. La primera s ele marchó rozando el palo tras un disparo a la media vuelta; mientras que en la segunda (ya con 0-1) Álex Cobo le quitó el gol.

A falta de un cuarto de hora para el final, llegó la jugada que decantó el partido en favor de los nuestros. Con un filial ya precipitado y desesperado, en un contragolpe, Tamayo dentro del área, escorado a la izquierda, recibió una patada a la altura del estómago por parte de Carlos López. Sin dudarlo un solo instante, Pozueta Rodríguez señaló los once metros, sin que ningún blanquiazul protestara ante la evidencia. La pena máxima se encargó de ejecutarla Alvar Herrero, con su exquisita zurda, enviando el balón fuerte, raso, por bajo, cerca del palo, a la izquierda de un Álex Cobo que se tiró al lado contrario.

Con el 0-1, ambos entrenadores movieron ficha y modificaron sus esquemas. El primero en hacerlo fue Sergio Pellicer, restando un hombre de su zaga, defendiendo con tres zagueros en búsqueda del milagro con una ofensiva total. Para contrarrestarlo y evitarlo, Marcos Jiménez retiró a Calderón por Aitor Núñez. El cambio produjo una mutación del 4-4-2 al 5-4-1, con varios movimientos. Alvar Herrero dejó el lateral izquierdo para formar como tercer central; ocupando el carril zurdo en defensa Aitor Núñez. El puesto en la banda de Calderón lo ocupó Tamayo; quedando arriba solo Rufo como único ariete.

El juego de ajedrez lo ganó Marcos Jiménez, puesto que el Deportivo Fabril no encontró ningún espacio. Aunque los de Sergio Pellicer rozaron el gol en un remate de Uxío que se marchó rozando el palo; y un gol bien anulado a Pedro por fuera de juego; realmente el partido estaba donde querían los interistas. Aunque los coruñeses tenían el balón, no eran capaces de superar la tela de los de Boadilla, que a la contra pudieron ampliar la renta; balón al palo incluido de Tamayo. Pero el marcador no se alteró más, y de este modo, el Internacional sumó una nueva victoria que le permite alejarse de unos puestos de descenso que comenzaba a ver muy de cerca.

DEPORTIVO FABRIL
Álex Cobo; Valín, Raúl González (A), One, Lucas (Pedro 77’); Carlos López, Gandoy (Bicho 69’); Víctor García (Juanje 69’), Jony Montiel, Abeledo; y Uxío.
INTERNACIONAL
André; Robles, Morante (A), Moyano, Alvar Herrero; Calderón (Aitor Núñez 82’), Fer Pina, Muñiz, Alfonso (Rafa Mella 61’); Tamayo (Jorge Rico 92’) y Rufo.
GOLES 0-1 Alvar Herrero (penalti) (74’).
ÁRBITRO Pozueta Rodríguez, colegio cántabro.
INCIDENCIAS Mundo do Fútbol, unos 500 espectadores.
Los Importantes 2018/2019
INTERNACIONAL
3.
2. Alvar Herrero
1. Rafa Mella
E: Marcos Jiménez 2

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