El ascenso de todos

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El gigantesco éxito del Rayo Vallecano tiene muchos parientes. Hijos, hermanos, yernos, nueras, primos, abuelos y tíos. Pequeños, mayores y medianos. Quien sintió ayer Vallecas desde el amanecer hasta que las bengalas colorearon de rojo el bendito cielo vallecano, saben que el domingo 27 de mayo es un día que jamás se olvidará en la zona sureste de Madrid. El papá de este ascenso se llama Míguel Ángel Sánchez. Padre con pleno reconocimiento porque siempre construyó incluso cuando la tentación de todos era destruir. Quinto ascenso con la franja para un tipo que es historia viva de un sentimiento que va camino de los cien años. Palabras mayores, amigos. Él ha convertido en triunfador a un equipo que estaba descosido, deshecho, resquebrajado por mil y una costuras. Honores para Míchel. Orgullo de una hinchada que verá a su comandante en los banquillos de Primera División.

Pero este ascenso es de todos. De las familias con varias generaciones que ayer se fotografiaban en la grada y en el césped. De los niños que han ido hoy al colegio con la zamarra del Rayo. De esa joven embarazada que después del pitido final posaba sonriente mientras pisaba la hierba del ascenso, con la convicción de que lo que lleva dentro es ya del Rayo. Del abuelo que mientras todos cantaban “La vida pirata” disfrutaba de la paz existencial con cada calada al puro de la felicidad.

De los miles de hinchas que se dejaron la garganta y el alma cuando el autocar del equipo giró hacia la calle Payaso Fofó. Del intransferible Isi, que tras treinta años como utillero del primer equipo aparca la jubilación porque “quiero disfrutar de mi equipo un añito en Primera”. De Lara, la mujer que más ha sufrido al Rayo durante los últimos diez meses… por aguantar al entrenador en casa. De Miguel Ortiz, de profesión delegado y de sentimiento rayista hasta la médula.

De la sonrisa de empleados y empleadas del Rayo que ayer flipaban desde la cima del mundo, mientras el descapotable negociaba la calle Candilejas. De la zurda de Álex Moreno. Del esfuerzo de Cobeño para paliar la inexperiencia de no contar con una agenda repleta de teléfonos. Del doctor Beceiro, simplemente feliz. De los compañeros que se esfuerzan a diario por que la franja roja tenga hueco en los medios de comunicación. De los que consiguieron convertir en alarido el “Vallecas, alé” cuando Madrid ya se disponía a dormir.

De las enormes pelotas del enano Francisco Beltrán. Del ilusionista Trejo (“hace siete años celebré un ascenso con una familia de dos y ahora ya somos cinco”). De la espina de Anoeta que anoche se arrancaron de cuajo muchachos como Adrián Embarba. De la clase del vasco Unai, capaz de sentar a un rival con un solo movimiento de cintura. De todos los que hicieron posible que el escuadrazo de Álex Moreno convirtiera en lo que dura un pestañeo la antena de Onda Madrid en un rugido ensordecedor.

De los abrazos de RDT a su hermano Rubén. Del guardia de seguridad que no pudo más y descuidó la vigilancia durante apenas unas décimas de segundo para apretar el puño y guiñarle un ojo a la gloria. De los que se han currado cada viaje de la hinchada rayista en una temporada muy complicada. De Antonio y sus auriculares. De Lola y su corazón. De ese loco de remate que quiere fundar una peña del Rayo en Ecuador. Del granadino que salió del estadio a toda prisa para llegar al autobús que le esperaba en Méndez Álvaro. De todos los que dejaron en la Asamblea una fotografía y un sonido para la historia.

Del cuerpo técnico que escoltó al comandante en la sala de prensa. De los que se fueron llorando del club. De ese niño que enfrente del puesto de bufandas de la puerta 2 le preguntaba a su padre si ahora ya “vamos a jugar contra el Madrid”. De todos los que reciben con cariño a los nuevos que un día pisan el barrio. De Emiliano, otro de los supervivientes de 2011. De Manucho, que lideró la interminable fiesta nocturna agasajado por una afición que lo idolatra. De Dani, rayista del Barrio del Pilar, que aún sabiendo que el despertador sonaba a las 7, subió caminando a la fuente “porque quiero disfrutar de esto”.

Este ascenso es de todos. También de ti. Y por supuesto de esas personas de las que te olvidas cuando te pones a escribir sin ningún guión. Vallecas ya era de Primera, ahora el Rayo también lo es. Y dure lo que dure, pase lo que pase, lo de anoche siempre será recordado.

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