El impacto de Vinicius es bestial. No cumple 19 años hasta el verano, comenzó el curso jugando en Segunda B y desde ahí se ha convertido posiblemente en el jugador con mejor rendimiento del Real Madrid. Es una animalada, un logro solo al alcance de un jugador diferente, de alguien nacido para jugar al fútbol. Vinicius ha devorado la adaptación a dentelladas, ha rajado el calendario natural de plazos a la misma velocidad que corre por la banda del Bernabéu.

Lo tiene todo. Su primera zancada es brutal, tanto que deja atrás con facilidad pasmosa a laterales muy rápidos. Aspira a la cátedra de recortar en una baldosa. Usa su elegante borceguí de cenicienta para conducir el cuero. Y acompaña todas sus acciones de ese halo brasileño que solo poseen los cracks nacidos en esa zona de América del Sur. Su forma de concebir el fútbol enamora, trasmite, absorbe la atención del que está en la grada y también del que mira fijamente hacia la televisión. Cuando recibe Vini, sabes que algo va a ocurrir.

Y ojo, atesora una condición que no se compra en los grandes almacenes ni tampoco en las tiendas de barrio: la jeta. Sí, Vinicius es un descarado, un caradura, un tipo convencido de que va a triunfar en una de las instituciones con más presión social y mediática del deporte mundial. No se asusta. No se arruga. Le gusta acaparar el haz de luz, ese foco al que tanto se refiere últimamente su entrenador Solari, el técnico al que siempre deberá agradecer que un día apostó por él. Ahora mismo es titular en el equipo merengue por delante de actores contrastados como Bale, Asensio e Isco.

En una boda Vinicius Jr recibe a los invitados, se encarga de la lectura del Evangelio, canta en el coro y hasta sería capaz de casarse a sí mismo. Pero le falta lo más importante. Lo que provoca el cosquilleo, emociona a los asistentes y arranca los aplausos y gritos de emoción de los parroquianos. De momento Vini no es capaz de atinar con el beso a la novia, a pesar de que lo intenta una y otra vez durante cada función del Madrid. La duda es si con eso se nace o se puede trabajar, si el veneno es talento o se adquiere en los entrenamientos, si el colmillo viene de serie o la experiencia lo afila hasta convertirlo en una lija. Vinicius sigue buscando el beso más apasionado. Si lo consigue le espera una noche de bodas inolvidable.

1 comentario

  1. Madridistaaaaa,…jejejej;)
    Espero que esta buenísima irrupción de Vinicius, que ya la quisieran muchos futbolistas de su edad y/o cualquier aficionado para sus equipos, no acabe en flor de una temporada,..No tanto por el talento emergente que atesora y que el destino pueda truncar, si no por la inercia devastadora con que la sociedad se traga productos novedosos, y más en el mundillo futbolístico, consecuencia de un entorno que acabe descolocando al jugador, que me parece que lo está gestionando bien, o más bien por la desorbitante e injusta comparación con los mejores que siempre hacéis desde los mass media y que ya le está alcanzando y que le deja expuesto e indefenso porque no tiene donde agarrarse. El tiempo dirá,…

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