El escudo del Atleti

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“Yo lo entiendo en el sentido de que ha habido muchos cambios juntos y a la gente, cuando le cambias tantas cosas, al final no se identifica con nada. Está claro que al aficionado hay que escucharle, respetarle y ayudarle. Siempre ha existido esa unión entre club, afición y equipo y entre todos se puede llegar a un entendimiento para que todos seamos felices en el club de nuestra vida”.

Para mí son las declaraciones más trascendentes de los últimos tiempos dentro del ámbito futbolístico. Es más, me parece que han tenido poca repercusión periodística y social para la importancia que yo las otorgo. Y mucho más teniendo en cuenta que las pronuncia el capitán del Club Atlético de Madrid, una entidad con una masa social gigantesca. Se puede estar de acuerdo o no con el fondo del discurso de Gabi, pero lo que resulta incuestionable es que arrojan un enorme sentido de pertenencia. Y si de algo no estamos sobrados en este fútbol milenial es de pertenencia, que no es otra cosa que sentimiento.

El hincha cada vez importa menos. Salvo contadas excepciones, cualquier oposición o queja de los aficionados molesta a los corbatas, que primero las obvian, luego las ningunean y al final incluso las atacan como táctica puramente defensiva. Ven destrucción donde podría haber un intento de construcción, de debate, de fuerza común. Sí, ya sé que el Atlético de Madrid es una empresa y que como tal sus dueños deciden, pero me gustaría saber qué dirían los defensores a ultranza de esta visión empresarial del fútbol si algún día su estadio se queda vacío. Sin hinchas el fútbol no es nada. Sin público los artistas no sirven. El receptor es insustituible. Es de lo poco que aún no se puede comprar con dinero.

En el Metropolitano se grita contra la decisión unilateral de cambiar el escudo. Se han recogido ya más de 20.000 firmas de seguidores molestos con la modificación. Pero detrás de ese contundente “El escudo no se toca” se esconde la rabia de sentirse un cero a la izquierda, la decepción de comprobar cómo tu club no cuenta contigo para nada. El hincha pasa frío y calor, se quita horas de sueño, pierde horas de vida en atascos interminables, se gasta mucho dinero y acude al estadio a la hora del aperitivo, del café, de la merienda, de la cena o del copazo, según desee el que pone los horarios. Y de repente se despierta un día y comprueba que además de cambiar de estadio, también se ha diseñado un escudo nuevo sin mediar consulta con nadie.

“Al aficionado hay que escucharle, respetarle y ayudarle”. Brutal la carga de profundidad que arrastran las palabras de Gabriel Fernández, capitán del Atleti e hincha colchonero, no necesariamente en ese orden. “Entendimiento”, “identificación”, “unión”. No se puede transmitir un mensaje de más calado en menos palabras. Sí, es el escudo del Atleti. Pero lo que se atisba en el fondo es infinitamente más importante… y preocupante.

1 comentario

  1. Acertado articulo, al que añadiría la pregunta siguiente:

    ¿Desde que están “gestionando” el Club los actuales dirigentes cuando han escuchado a lo que se ha dado en llamar “la masa social”?.

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