El infalible Luka

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Va a cumplir 33 años, mide poco más de 170 centímetros, ha ganado cuatro Copas de Europa y de aquí al domingo va a intentar añadir a su vasto palmarés el título de Campeón del Mundo. Si lo consigue posiblemente asalte el podio del Balón de Oro, aunque, con respeto, a mí eso me parece una gilipollez que no soporta ni una brizna de comparación con los títulos colectivos.

Luka es un futbolista mayúsculo. Todo lo hace bien, todo lo ejecuta con una facilidad pasmosa. Forma parte de esa reducida estirpe de actores que convierten lo más difícil en una aparente faena de aliño. Juega rápido, juega fácil, juega limpio. Circula en corto como los ángeles y también es capaz de medir envíos de 35 metros con una precisión de cirujano. Es un seguro de vida para la pizarra de su entrenador. Chuta de categoría cuando se asoma al balcón del área. Trabaja incansablemente y se compromete con la causa, lo mismo en unos exigentes cuartos de final de la Copa del Mundo que en un partido de Liga de la jornada 14.

Futbolísticamente Luka lo hace todo bien. Es uno de esos bajitos que gobiernan el duelo desde el sótano. Se ofrece, toca y se va para ofrecerse otra vez. Siempre se ubica en la baldosa que demanda la función. Ni se descoloca ni falla. Hace de la fiabilidad su religión. Es insustituible, irremplazable, imprescindible. El metrónomo que marca el compás perfecto. El maquinista que impulsa el tren sin un solo movimiento brusco.

El croata es una de las piezas básicas del legendario Real Madrid Champions del último lustro. En el Mundial ha dado una zancada más. Se ha erigido en líder indiscutible de una de las cuatro selecciones que van a pelear por el trofeo más anhelado. Liderazgo para comandar a su equipo tras fallar un penalti que pudo resultar decisivo, liderazgo para esprintar con el alma hasta la esquina para salvar un balón en el minuto 107, liderazgo para no esconderse en la bodega ni aunque vea venir a decenas de perros rabiosos. “Messi es increíble, pero no puede hacerlo todo solo”, dijo tras la goleada a Argentina. Tú tampoco, Luka, aunque a veces lo parezca. Su sociedad con Rakitic ha llevado a Croacia a repetir la gesta ajedrezada del 98 y acariciar la gloria eterna. Luka Modric: juega, lidera… y además parece un tipo cojonudo.

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