Ese pequeño gran pulmón

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“Paco, hay un juvenil de primer año al que tienes que ver, súbetelo un día a que se entrene con el primer equipo”. Míchel, que por aquel entonces dirigía la metodología de toda la cantera, ya sabía que Fran tenía algo diferente. Por eso le sugirió a Jémez que un día pusiera al niño entre mayores. Fue el mismo año en el que Fran reventó un aparato GPS para defender un 1-2 en Valdebebas con el equipo juvenil. Nadie se creía hasta que lo vieron en el ordenador que el muchacho había corrido más de 15 kilómetros durante ese partido.

Posiblemente sea el patrimonio deportivo más importante que tiene en la actualidad el Rayo Vallecano. Sus apenas 170 centímetros de estatura esconden 170 toneladas de talento. Su pinta de chaparrito contrasta con su jerarquía en un campo de fútbol. Su insultante juventud es inversamente proporcional a la importancia que tiene para su equipo. Francisco José Beltrán Peinado es el pequeño gran pulmón de la franja roja.

Míchel lo conoce mejor nadie. Por eso lo dejó en barbecho unos días después de su aterrizaje en el cargo. Sabía que Fran aún tenía escalones pendientes para alcanzar su mejor versión y que dejarlo fuera de aquel padecimiento sería positivo para su posterior desarrollo como futbolista. En el amanecer de este curso jugó 10 minutos en el primer partido, 8 en el segundo y 36 en el tercero. A partir de ahí derribó la puerta de la titularidad a machetazos. Te das cuenta de lo bueno que es cuando se le echa mucho de menos. Gijón fue el ejemplo.

En el club alucinan porque recién cumplidos los 19 años exhibe datos muy parecidos a los de Saúl Ñíguez, un tipo que dejó su sello en todos los cacharros tecnológicos a los que se abrazan los cuerpos técnicos de ahora. Corre mucho, corre bien y corre rápido. Sostiene la comparación con cualquiera de los centrocampistas que han lucido la franjirroja en los últimos años. El mérito es bárbaro porque no está actuando en su puesto. Él rinde mejor unos pasos más adelante, en paralelo con Unai López. Ahí le ubica el entrenador cuando mete a Elustondo en las segundas partes.

Los que más lo conocen cuentan que Fran Beltrán es un chaval natural cuando se disfraza de futbolista, pero también cuando va vestido de calle. Incansable recuperador en la cancha (top 5 de robos de la Liga), imperturbable muchacho normal cuando pasea con sus amigos por las calles de su pueblo de toda la vida, Navaluenga. Siempre parece que el rival le va a quitar el balón, pero siempre demuestra que en la zona ancha el maquinista que manda es él.

“Siento amor por el Rayo”, Fran es un tesoro, un patrimonio deportivo, afectivo y social de primera magnitud. Humildad, trabajo y capacidad de escuchar. Valentía, coraje y nobleza por arrobas. Compromiso para pelear en Lugo, guardar adrenalina en el combustible durante 95 minutos y terminar soltando sentimientos dedicados a una tía que siempre fue mucho más que eso.

Firmó contrato profesional hasta 2020 con una cláusula de ocho millones de euros. Ha jugado 2408 minutos en esta Liga de los sueños para la hinchada vallecana. Cuenta en el banquillo con el mejor maestro posible, alguien que sabe que siendo joven, rayista y centrocampista se puede triunfar en casa. Juega en el Rayo y en la Selección, con la que esta semana se ha llevado un buen berrinche tras quedarse fuera del Europeo y del posterior Mundial. Es un tío normal. Es el pulmón del Rayo. Es un fenómeno.

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