Si volvemos la vista atrás, nos damos cuenta de cómo evolucionan las cosas. Todavía recuerdo mis primeras andanzas en esto de las ondas, y creedme, no lo teníamos fácil. Recuerdo, como si fuese hoy, mis primeras visitas a los campos de la Comunidad de Madrid en representación de Onda Madrid. Hace ya muchos años y, la presente, puede ser otra de esas historias del abuelo cebolleta que parece que aconteció en el siglo pasado (y que realmente así fue). Lucíamos orgullosos el maletón de “Onda Madrid”, con nuestras consolas AEQ, cascos herméticos capaces de hacerte perder una oreja a causa de la presión y un sin fin de cables y bananas que, cada mañana de domingo, colocábamos con mimo para que el sonido fuese “casi” perfecto.
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| Una belleza parecida a la de la imagen era la que portábamos a nuestros lomos. |
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Eran otros tiempos, y me vienen a la memoria los compañeros que compartían cabina y pugnaban conmigo por ser el primero en cantar un gol. RNE, Radio España, Antena 3 Radio, Cadena Ser, Radio Getafe y por supuesto Onda Madrid eran las alternativas que los oyentes tenían para saber lo que hacía su equipo. Sana rivalidad plagada de compañerismo y buenos momentos que aún permanecen en nuestro recuerdo. Las relaciones eran distintas, y era difícil encontrar “marrulleros” que quisieran arruinar tu trabajo. La idea de la competencia no era tan voraz como la que ahora encuentro en los actuales medios de comunicación. Si, ya sé que estoy mayor, pero todavía mantengo la ilusión y las fuerzas necesarias para seguir adelante. Si algo he aprendido en estos (buf...demasiados) años es que siempre hay que ser fiel a tus principios. Si eres honrado, respetas a los demás y ayudas en lo que puedas, tienes muy difícil poder vivir del periodismo; pero en contraprestación siempre encontrarás una mano tendida en cualquier campo que visites.
A lo que íbamos, cuando yo empezaba, si tenías suerte y lograbas “enganchar” con la central, era muy posible que tuvieses un partido plácido y pudieras centrarte únicamente en los pormenores del evento. La otra posibilidad, que no te favoreciesen los duendes de la radio. Consecuencias, todavía están en mi memoria las carreras intentando buscar una cabina telefónica (por supuesto fuera del campo) desde la que cantar un gol o hacer resumen del partido. Yo como era un privilegiado, en el Román Valero, tenía un teléfono en el bar. Algo peor lo pasaba cuando me tocaba en las Veredillas de Torrejón o en el Álamo. Parece increíble, ¿verdad?, os hablo de finales de los 90 y yo sin móvil...
Otras aventuras interesantes acontecían cuando se trataba de contar una liguilla de ascenso. Viajes interminables en autocar acompañando a la expedición, y convivencia con todos los estamentos del club. Éramos uno más del equipo y como tal nos consideraban. Responsables de contar a los que se habían quedado en casa las andanzas del equipo, éramos los notarios de la batalla que se iba a disputar el domingo. Pero, ¿cómo lo hacíamos?.... Todavía recuerdo mi primer viaje a Laguna de Duero, con el Mosca, portando la última tecnología, el no va más en telecomunicaciones capaz de aguantar noventa minutos (exactos) de comunicación con Madrid.
Para ello, las baterías debían permanecer conectadas a la red eléctrica 12 horas de forma ininterrumpida. Después, una vez en el escenario del evento, teníamos que movernos con los 25 kilos colgados al lomo, en busca de un lugar en el que la cobertura fuese decente y la narración audible. Si la memoria no me falla, creo que transcurría la temporada 93-94. ¿Os lo imagináis ahora...?. Pero como todo avanza a pasos increíbles, una temporada después, los privilegiados locutores de Onda Madrid ya contábamos con “lo más moderno”. En nuestra mochila llevábamos el Motorola de última generación que era la leche. Con tres baterías supletorias te daba de sobra para el partido y el peso se había reducido notablemente...
El avance era imparable, y a mi personalmente, me llamaba mucho la atención por lo que decidí aplicarme y estudiar a fondo nuestro sistema de comunicación. Las mesas “rojas” analógicas de Aplicaciones Electrónicas Quasar, dejaron de tener secretos para mi. Era capaz de desmontarlas y solucionar la mayoría de los problemas que podían impedir que la transmisión se llevase a cabo. Un destornillador, cinta aislante, algún cable suelto y un juego de pilas nuevo, eran los fieles compañeros que te sacaban de bastantes aprietos. Ahora, si el problema era de línea...., eso era otro cantar.
Aquello nos enseñaba a saber sobrevivir, éramos conscientes de que lo primero era llevar la noticia a su destinatario y en ello nos afanábamos. Sin duda aprendimos mucho, sobre todo de nuestros errores, y por ello yo siempre contemplé como una obligación, enseñar a los que empezaban a no tropezar con la misma piedra en la que nosotros habíamos caído. Algunos de nuestros “alumnos” asimilaron bien lo que quisimos transmitirles y aportando la calidad periodística que a otros nos falta, han conseguido abrirse hueco en el complicado mundo de los medios de comunicación. Hoy son reputados periodistas deportivos. La mayoría siguen hablando contigo, e incluso no esquivan el abrazo cuando coincides con ellos, otros...., bueno, pues que con su pan se lo coman. Está claro que cada uno recoge lo que siembra y creo que la cosecha de “EL GOL DE MADRIZ” ha conseguido un punto de maduración excelente y el fruto está preparado para ser degustado.
Es tiempo de cambios, atrás quedan sinsabores y Judas que no supieron ver los sacrificios que por ellos hicimos; es el pasado, borramos ese camino y empezamos una nueva andadura que sabemos que se asienta sobre pilares sólidos y queremos compartir con todos los que nos habéis animado para que la losa que hemos cargado durante los últimos cinco años haya sido mas llevadera. Es nuestra nueva casa, y estáis TODOS invitados. Pasad y poneos cómodos.....
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