El pasado 28 de mayo, el Fuenlabrada puso fin a la más brillante temporada de su historia. Después de tocar con los dedos el sueño de jugar en Segunda división, llegó la tristeza. Una tormenta de cierta decepción que dejó entonces paso a la calma. Una calma en forma de vacaciones y de cuentas pendientes, la de un futuro por decidir y una plantilla por dibujar.

La esperada y anunciada renovación de Antonio Calderón, quien había dejado en el aire su futuro, puso los primeros mimbres de un conjunto azulón que este martes 11 de julio volvió a los entrenamientos. Con el mismo escudo, pero sin una parte de él, huérfana tras la marcha de Isma Gil y San José. Bajas sentidas de un Fuenlabrada del que también se han marchado Isi, Molinero, Nana, Borja Sánchez, Cervero y Fran García.

En el aire quedaba todavía el nombre de Luis Milla. Libre tras desvincularse del Alcorcón, por él suspiraba una parroquia azulona que, después de mucho anhelarlo, podrá disfrutar del centrocampista en el Fernando Torres.

Un Torres al que aterrizan Jordi Codina, quien fuera guardameta de Real Madrid y Getafe; Hugo Fraile, procedente del Elche y con experiencia en Primera división en Getafe y Sporting de Gijón; Matheus, delantero cedido por parte del Watford inglés; Álvaro Portilla, extremo hasta ahora en el Rayo Majadahonda; e Ismael, última incorporación para la posición de central que procede del Granada B.

Todas ellas caras nuevas para un Fuenlabrada en plena renovación. De nombres, pero no de objetivos. Clasificarse para el Play-Off primero y ascender a Segunda división después. Paso a paso y con buena letra.

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