Foto: Unión Rayo.

“Quería aguantar toda la temporada para disfrutar otra vez de mi Rayo en Primera, pero ya no puedo más. Lo dejo, mi niño”. Isi es de lo poco que nos queda del fútbol de siempre. De esas personas con las que te apetece cruzarte aunque sea solamente para compartir un abrazo y tres risas. Es muy especial notar que él también se alegra de esos encuentros repletos de espontaneidad. Tengo debilidad por este hombre. Y me entusiasma saber que no soy el único.

Isi es Isi. Y siempre será Isi, aunque su DNI confiese que se llama Isidoro Prieto González. Isi se jubila hoy tras tres décadas como utillero del Rayo Vallecano. Ha preparado las botas de cientos de futbolistas y ha trabajado con 31 entrenadores. Las ha visto de todos los colores. Sus recuerdos esconden un libro de esos que jamás se pueden escribir ni publicar. Llegó con Felines y se marcha con “El Niño”, posiblemente la persona que más le ha marcado desde que se abrazó a la franja roja en 1988. En realidad era rayista desde mucho antes, cuando iba al estadio con su hermano y su padre. Vallecano de nacimiento, franjirrojo de corazón, Isi deja un vacío terrible en el vestuario del Estadio de Vallecas.

Foto: Rayo Herald.

Coke Andújar lo vacila acusándolo de gruñón, pero mi imagen de Isi es con un cigarro en la mano y una carcajada en la garganta. No lo he contrastado con él, pero tengo la convicción de que a Isi le gustaba más el fútbol de antes. Que para él era más sencillo encargarse de su labor cuando curiosamente las cosas resultaban más difíciles. Y eso que en aquellos tiempos lejanos, Isi sudaba tinta china para tener la ropa limpia y seca cuando el míster de turno preparaba dobles sesiones.

Se va por cansancio y también por cuestiones de salud. Deja atrás siete ascensos (uno de bronce a plata), mucha carretera y decenas de anécdotas. Viajes inolvidables como aquel a Moscú en el que la memoria se hace vaga porque fue regada con varios vasos de moscatel. O uno más reciente a China, en el que los auxiliares no tenían butaca en business y Paco Jémez le dejó su asiento a Isi para que pudiera dormir tranquilo. Nadie cuenta mejor que Isi la inolvidable etapa del Matagigantes, que nuestro protagonista gozó como hincha en la grada.

Se retira el empleado más veterano que tiene el Rayo. Se disuelve la pareja Isi-Kiko, un dúo que forma parte de la bendita cotidianeidad de los que hemos tenido la inmensa fortuna de acompañar al Rayo desde hace años. El Rayo – Barcelona ha sido la última función de este artista. Isi ganaba 2-1 en el 87 y perdía 2-3 en el 90. Pero ningún resultado cambia la grandeza de los que siempre fueron indispensables. No le ha dado una patada a un bote y sin embargo ya es leyenda e historia de la franja más especial del planeta. Te vamos a echar de menos, mi niño.

Dejar respuesta

Escribe tu comentario
Por favor, introduce tu nombre

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.