La mesa de los egos

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Hay afirmaciones que me chirrían hasta convertirse en un sonido ensordecedor. Son todas aquellas frases que se enmarcan en el yomismo. Un amplio catálogo en el que se incluyen perlas como “Soy el mejor”, “Merezco ganar tal o cual premio” o “Como en la mesa de este o aquel”. Cuando escucho a un ser humano elogiarse a sí mismo se activa inmediatamente el airbag del rechazo. Ojo, no hablo de fútbol, ni tan siquiera de deporte. Vale para cualquier oficio, sector o actividad.

Diría que es hasta anecdótico si el que lo dice lleva razón o no. Por ejemplo: si Lebron James, Leo Messi, Eliud Kipchoge, Usain Bolt o Mario Mola dijeran que ellos mismos son los mejores me parecería bochornoso. Pero es cierto que resulta aún más chocante, a veces hasta hilarante, que el auto beso con lengua lo haga alguien que aún no ha alcanzado ni de lejos ese nivel.

Algunos defienden con convicción que el ego es básico para alimentar la ambición. Me declaro en profundo desacuerdo con esto. Para mejorar no es necesario un superávit de ego. Casan mejor actitudes como la duda, el aprendizaje, las ganas, el esfuerzo, la tenacidad, el reaccionar ante las adversidades, el trabajo en equipo o el asumir las propias carencias. Desconozco las pretensiones del que hace millones de años prendió la mecha de la vida, pero estoy seguro de que esta no fue creada para mirarse al espejo, abrazarse a nuestra propia silueta o enamorarse de uno mismo,

Como diría Paco Jémez, aquí parece que lo único que cuenta es demostrar quién la tiene más larga. Uno se postula para ganar el Balón de Oro y el otro, para mí teniendo razón en el fondo, contesta con unas formas inapropiadas. Ahora son Griezmann y Ramos, pero ayer fueron otros y mañana serán otros distintos. La mesa de los egos en el fútbol se extiende hasta perderla en la lejana línea del horizonte.

Para mí los premios individuales en el fútbol no valen para nada. Están inflados. Se votan muchas veces por intereses o simplemente por el qué dirán. Es delirante que Cristiano y Messi jamás se hayan elegido entre ellos como uno de los tres mejores. No es serio, de verdad. Los premios individuales solo sirven de pienso de marca blanca para el ego de los futbolistas, de la gente que los rodea y también de un amplio sector del periodismo, que es capaz de ubicar el Balón de Oro en portada aún con la toalla en la mano y las chanclas en los pies. Todo esto es insoportable. El Balón, el The Best, el Uefa, el Fifa, el ego y las mesas.

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