He buscado en el diccionario de la Real Academia de la Lengua la definición de “líder”. Honestamente me ha parecido banal, superficial y con muy poca sustancia.

“Persona o entidad que va a la cabeza entre los de su clase, especialmente en una competición deportiva”. Me dice muy poco o casi nada, la verdad. Liderazgo en muchísimo más que eso. El líder es una especie protegida al que se le extraña hasta el dolor cuando ya no está.

Jugadores talentosos hay muchos. Líderes muy pocos. Como he dejado escrito en este blog en alguna ocasión, aluciné cuando se habló con naturalidad de Gareth Bale como recambio de Cristiano Ronaldo. El gales es un fantástico futbolista, pero a estas alturas pensar que puede ser el líder de un equipo como el Real Madrid resulta fantasmagórico. Es muy difícil tirar del carro en la superélite. Isco es muy bueno y Asensio presenta cualidades para asaltar el primer escalón del fútbol mundial, pero ahora no están demostrando esa condición de líderes. El líder del Madrid, con sus aciertos y sus errores, es Sergio Ramos.

Messi, sin apenas lenguaje gestual, es el líder más importante de todos los que pisan la hierba. Todos lo miran a él, todos se la dan a él, todos confían en él. Es un líder por talento. Es líder por su condición de elegido. En el Atlético de Madrid el líder luce corbata negra y voz agónica tras cada función. Es el entrenador con más ascendencia del deporte actual. Tras siete años en los que ha elevado el desgaste hasta el umbral de lo soportable, sus futbolistas siguen creyendo en que les seguirá haciendo ganar. Sus aficionados confían en él sin matices, sin asteriscos, sin ninguna nota al pie de la página. Líder de manual, líder de los que ya quedan muy pocos.

Liderazgo es mentalidad. Por eso Rafael Nadal es un líder y un deportista admirable. Y Pau Gasol. Y Sergio Llull en el Madrid. En el caso del menorquín, con sus actos se ha ganado el respeto de sus compañeros, de los auxiliares del equipo y, por supuesto, de todos sus aficionados… y de la mayoría de los ajenos. Buffon, por rendimiento y conducta, también es un líder.  Y Karabatic lo fue en la mejor selección de balonmano de todos los tiempos. Usain Bolt también es un líder, manejando a su antojo la calle y la escena. Hay varios ejemplos más, claro. Pero no abundan.

Porque el liderazgo se trabaja, se alimenta y se canaliza. Pero no se compra. En las tiendas no te venden un kilo de liderazgo. Se tiene o no se tiene. Por eso muy pocos pueden liderar a un grupo de trabajo.

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