Tengo muchas opiniones y ya casi ninguna certeza. Cuantos más años cumplo, más dudas me asaltan. A menudo viajo al pasado en tren de alta velocidad mental y me reprocho con dureza cómo era posible que yo pensara así en aquel momento. Si en algo he madurado es en aprender a utilizar un tono moderado y escuchar y valorar los argumentos y opiniones de los demás. ¿A cuento de qué viene esto? Pues no lo sé con exactitud.

Estoy bastante metido en el “Twitter rayista” y tras el partido en Anoeta he leído algunas opiniones que me han llamado muchísimo la atención. Apuntes como la actuación del Rayo fue una “bazofia” o “Míchel es un pésimo entrenador que nunca sabe hacer los cambios”. Atiendo, leo y respeto. Pero también alucino. Desde que este entrenador se sentó en el banquillo franjirrojo, he escuchado y leído de todo: que sí tenía que jugar con once del filial, que si se bajaba a la C sí o sí, que si no había ninguna opción de ascender a Primera, que si se habían enterrado las opciones de ascenso en la primera vuelta, que si el mister no tiene ni idea de táctica, que si este, ese o aquel son malísimos, que si la plantilla no posee el nivel para meterse en el playoff, que si… Y una vez en Primera, tras haber ganado la Liga por primera vez en 94 años de historia, me siguen chocando muchísimo esas conclusiones tan alarmantes y cortoplacistas.

El Rayo suma 4 puntos de 15. Está peleando por no bajar. Lo lógico, vamos. Ha ganado a un rival directo fuera y ha empatado en uno de los feudos más difíciles del fútbol español. Ha sido dolorosamente goleado por el Sevilla (aún sin la plantilla armada) y arrasado por el Alavés en un duelo con asterisco: la incomprensible autoexpulsión de Abdoulaye. Yo lo veo todo moderadamente normal. Y más en un contexto social-institucional-patrimonial difícil de casar con la cotidianidad de un equipo de fútbol ¿Por qué esa necesidad de abrazarse siempre al polo negativo cuando desde el medio se ven las cosas mejor?

Me gusta que la hinchada del Rayo discuta la idoneidad de abrazarse a los patrocinios de las casas de apuestas y créditos personales. Me gusta que el aficionado exija a su club más allá de goles, paradas o expulsiones. Me gusta la visión social, de identificación y hasta barrionalista del abonado rayista. No me gusta que muchos espectadores abandonen el estadio tras mirar el marcador, y aquí es obvio que excluyo a situaciones provocadas por el calor, la edad o la salud.

Y no me gusta el afán de juzgar la implicación extradeportiva da los jugadores con la guillotina en la mano. Los futbolistas son empleados de una empresa, como lo somos, vosotros y yo, todos los que tenemos la suerte de tener un trabajo. Creo que los que os cebáis con la exposición pública de los jugadores os equivocáis. “No vale, como jugadores, armar follón en Twitter, sino acudir a los responsables que nosotros tenemos cerca y transmitirles que las cosas tienen que ir a mejor”, afirmó Alberto García hace un par de días en Onda Cero. Imposible explicarlo mejor que el capitán del Rayo Vallecano, uno de los patrimonios sentimentales y emocionales más importantes con los que cuenta esta entidad.

Se puede arropar a Natalia sin poner un tuit. Se puede defender los intereses de un vestuario sin una story de Instagram. Se puede respetar y ayudar a los aficionados sin postear en Facebook. Se puede activar un ascenso sin que la gente lo sepa en un momento en el que el vestuario está cerca de tirar la toalla. Se puede coger un teléfono de madrugada para echar un cable a un compañero de equipo. Hay vida mucho más allá de los 280 caracteres. Y en el Rayo hay personas que viven la franja 24 horas, desgaste familiar incluido. No son héroes, pero sí admirables. En esta vida lo que no se ve suele ser más importante que lo que impacta.

2 comentarios

  1. Gracias a ti por tu comentario, me ha parecido fantástico, muy completo y repleto de sensatez. Un saludo!!

  2. Creo que va con los tiempos pero tampoco es excusa, lo cierto es que hay una escasez tremenda de empatía por parte de los aficionados hacia los futbolistas, incluso siendo éstos los de tu propio equipo. Todo en un partido se mide al milímetro, si se falla un simple pase… reprimenda; que el rival se zafa de un marcaje… reprimenda; que si el portero ataja el balón en dos tiempos… dudas; y así durante 90 minutos, no hablemos ya si tu equipo va por debajo en el marcador… Lo “gracioso” de este asunto es que la mayoría de estas duras críticas vienen de parte de personas que, en cuya vida, lo más parecido que han visto a un balón son melones y sandías, supongo que todos ellos deben ser muy competentes en todos los ámbitos de su vida, ya sea en el trabajo, con la familia, amigos, hobbies, etc…

    Es una lástima pero es así, también hay que reconocer que la mayoría de medios de comunicación “deportivos” son los primeros en tratar de manera muy superficial este deporte, por no decir que viven de la polémica y de todo lo extradeportivo, al final el aficionado se deja llevar y termina contagiándose. Ahora los partidos comienzan en las redes sociales, continúan en el estadio, y con el pitido final, de vuelta a las redes para dar nuestro veredicto de especialistas del balón…

    Un placer leerte, se agradece tu labor difundiendo los valores y peculiaridades del deporte, en este caso del fútbol y la idiosincrasia rayista. Un saludo!!

Dejar respuesta

Escribe tu comentario
Por favor, introduce tu nombre

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.