Diego Pablo Simeone y Fernando Torres. Exceptuando Luis Aragonés, una figura que va más allá y que no soporta ninguna comparación con nadie, hablamos posiblemente de los dos grandes ídolos de la hinchada del Atlético de Madrid. Dos profesionales del club ahora y antes, pero por encima de eso dos aficionados del Atleti. Uno, el Niño, de cuna; otro, el Cholo, de adopción. Pero es incuestionable que ambos sienten dentro del alma el veneno de las rayas rojas y blancas.

Que no hay piel entre ellos es evidente. No existe ningún feeling desde hace bastante tiempo. Y eso que fue Simeone el que reclamó la vuelta de Fernando Torres. Al Cholo le enfada la presión mediática que ejerce el entorno del futbolista y el grupo de periodistas que apoyan esa postura. Por aclarar la cuestión, Antonio Sanz, Director de Comunicación de Bahía, agencia que representa a Fernando, opina como periodista (esto es importante) en las tertulias de Radio Marca. En ocasiones se muestra crítico con las decisiones del Cholo, algo que escuece al entrenador rojiblanco. “Hay un grupo que solo mira por el interés de un jugador, yo lo hago por todo el equipo y el club”, ha afirmado hoy Simeone en Fox Sports minutos después de la rueda de prensa en la que ha roto públicamente con Torres.

Me parece muy cabal la convicción del Cholo de no contar con Fernando en la plantilla de la próxima temporada. No deja de ser un argumento técnico. No tengo tampoco ninguna duda de que ambos actores desean el bien de la entidad por encima de todo. Hasta el punto de que Torres, seguramente tragando dolorosos sapos y culebras a través de su garganta, jamás ha deslizado ninguna crítica hacia el entrenador en sus diversas comparecencias públicas. Insisto, el fondo de la cuestión es bastante racional y seguramente compartido por una gran parte de la hinchada colchonera. Este Atlético de Madrid atesora muy buenos arietes y ahí el rol de Torres se antoja cada vez más residual.

Pero yo creo que las formas de Simeone son cuestionables. Más allá de entornos, egos, malentendidos, críticas y relaciones deterioradas, Fernando es un emblema del Atleti. Un símbolo, un ídolo, una figura que trasciende el rendimiento deportivo. Fernando es un perfecto embajador de los valores del Atlético de Madrid. Y honestamente creo que no merece una contestación así de su entrenador, aunque el periodismo anhele el titular rotundo como único menú del día. Tras escuchar al Cholo con mucha atención en cada conferencia y entrevista, tengo la convicción de que en varias ocasiones le ha regalado cariño y elogios a jugadores que lo merecían menos que El Niño. O para ser más justo, que ha medido muchísimo el cariño hacia el otro ídolo.

Objetivamente, el divorcio entre ambos ídolos es una pena. Porque además la hinchada atlética, a pesar de los denodados esfuerzos a golpe de encuesta, jamás va a elegir entre uno y otro. Juzgará y opinará sobre lo deportivo y también sobre las formas, le agradará más o menos éste o aquel detalle de uno u otro, pero no tiene por qué decantarse entre papá y mamá. Lo natural sería que ambas figuras caminarán siempre de la mano como elementos indispensables de la historia del club, pero eso es desde hace tiempo una quimera. Papá y mamá llevan divorciados mucho tiempo.

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