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Sergio Postigo lleva a gala jugar en el equipo de su ciudad natal. |
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Cuando Sergio Postigo habla de Getafe se le ilumina la cara. Él ha vivido allí toda su vida. Primero en el barrio de Juan de la Cierva y después en los pisos que construyeron cerca del antiguo campo de Las Margaritas. Era un guiño del destino, que le acercaba al club azulón sin él saberlo.
Sus primeras patadas las dio gracias a su padre, que trabaja en la empresa aeronáutica CASA, que ha dado trabajo a muchas familias del municipio madrileño a lo largo de los años. Allí se organizaban ligas para los hijos de los empleados y fue donde Postigo empezó a jugar al fútbol hasta que el Getafe llamó a su puerta por primera vez.
El cuadro azulón había ascendido poco antes a Primera División, un hecho que Postigo rememora con cariño en la charla: “El ascenso lo recuerdo perfectamente. Nos juntamos todos los amigos en un bar para ver ese partido en Tenerife. Al acabar salimos a la calle y eso era una alegría inmensa. Era increíble ver a un equipo como el Getafe en Primera”.
La entidad del Coliseum era el club de moda y todos los niños de la ciudad querían jugar allí. Entre ellos Sergio. “Con doce años hice las pruebas y me cogieron. Estuve en infantil y cadete, pero en juveniles me dijeron que ya no contaban conmigo”, comenta. Se trataba de un impasse en la relación que el zaguero y el Getafe mantenían.
Tras un periplo por El Bercial (club en colaboración con el azulón), el Leganés y el Osasuna Promesas, llegando a debutar incluso con el primer equipo ante el Barcelona en Copa del Rey, Postigo volvió este verano al Getafe, a su filial. “Tenía casi todo hecho con el Alcorcón pero al final no cuajó. Me salió la oportunidad de venir aquí y no me lo pensé. Iba a jugar en casa tras dos años haciéndolo fuera”, afirma con una sonrisa. Se iba a ver así a un getafense jugar en el filial cinco años después de que lo hiciera el último, Alberto Valtierra.
El primer día de su segunda etapa nunca lo olvidará. “Cuando vine a firmar el contrato estaba Ángel Torres en las oficinas y tuvo un detalle que me gustó: al entrar me dio la mano y me dijo ‘bienvenido a casa otra vez’”. Era el prólogo de una historia feliz para él. Ahora goza de minutos en el filial, siendo el líder de la zaga, y esa hegemonía no ha pasado desapercibida para Luis García, que con frecuencia le llama para que entrene con ‘los mayores’. Su sueño no lo esconde: debutar en el Coliseum con el primer equipo.
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