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El Alcorcón dio una lección de humildad al Real Madrid. (Foto: archivo)
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Increíble. Son las dos de la mañana, llegué hace un rato a casa y apenas me dio tiempo a escribir la crónica. Aún no paro de parpadear del asombro por lo visto en Alcorcón. Catorce amigos han dado toda una lección a catorce millonarios del balón. Un nuevo ejemplo de humildad, de trabajo y de sacrificio. Eso es lo que demostraron los de Anquela que, siguiendo la estela de la pasada campaña, siguien empeñados en demostrarnos que aún no han alcanzado la cima dónde pueden llegar.
Por un momento pensé que los que jugaban en Primera División eran los jugadores de amarillo, esos que desarbolaron desde el pitido inicial a un rival de superior categoría, esos que desde el minuto uno pusieron en apuros a un Dudek que no tuvo su noche, esos que llevaron el éxtasis a las gradas en Santo Domingo, esos que se marcharon como héroes al finalizar el partido y que volvieron a ser tratados como tal cuando fueron reclamados por la grada. En definitiva, esos que demostraban que sabían a lo que iban, que sabían lo que se jugaban, que conocían a su rival y sabían como hacerle daño (Anquela es el culpable), que tenían claro que había mucho que ganar y poco que perder. Esos que han vuelto a demostrarnos que la fe mueve montañas, que la confianza, la unión y la humildad pueden con todo.
Una vez más, y creo que hablo en voz de muchos, nos sentimos orgullosos de esta nueva hazaña. Viajaréis al Bernabeu como un auténtico rival a batir, vosotros seréis los grandes, los que lo tendréis más fácil y los que se lo pondréis difícil al Real Madrid. Enhorabuena, os lo habéis ganado.
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