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El Alcorcón dio una lección de humildad al Real Madrid. (Foto: archivo)
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Si lamentable es el hecho, más triste es la justificación o el intento de la misma. Me refiero al incidente acontecido el pasado domingo en el Cerro del Espino, en el que se vieron involucrados Héctor, jugador del Sanse, autor de una presunta agresión, y Lauri, del Rayo Majadahonda, presunta víctima de esa agresión. El fútbol ya no es lo que era, pero con este tipo de hechos, se pierde la esencia que, por poco, parecía quedar en las instancias más modestas de este bendito deporte.
Feo incidente que nunca debió haber sucedido, hay una palabra, llamada arrepentimiento, que suele sanar muchas heridas, más que los preparados médicos. Lo contrario es el cinismo, el estar defendiendo una cosa a sabiendas de que ni tú mismo te la crees. Vamos, una solidaridad, corporativismo, compañerismo, o como queramos llamarlo, mal entendidos.
Me permito opinar desde la distancia, pero siempre desde el derecho a la libertad de expresión que me ampara, para considerar que resulta extraño o poco creíble que una persona se golpee a sí misma para fingir una agresión, y no hay justificaciones ni posibles ni válidas de anteriores rencores, provocaciones o cualquier otro asunto pendiente.
Dice mucho de alguien reconocer los errores y los fallos, mostrar arrepentimiento y pedir perdón. Habla de la dignidad de una persona y, además, es muy fácil.
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