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Al otro lado del río

A mi padre le gusta el fútbol…pero a veces, cuando tiene un mal día, le da por despotricar de este maravilloso mundo del balompié: “Cómo es posible que estos tíos cobren millones por darle patadas a un balón”, “con la pobreza que hay en el mundo y los futbolistas en huelga”, “crisis mundial y aquí hablando de si Mourinho tal o Guardiola cual”.

No le falta razón. El problema es que el fútbol que vemos en la televisión, el que observamos con una cerveza en una mano y una bolsa de patatas fritas en la otra, ese que cuesta cuarenta euros la entrada más barata en Vallecas o el Coliseum, ese fútbol, es el escaparte final de una pirámide que está llena de gente que vive por y para él. Jugándose mucho más que derechos de imagen o una cuenta bancaria cargada de millones de euros.

Miren a ese Lass. Sí, Lass ‘el bueno’, el del Rayo Vallecano, Lass Bangoura. Con 19 años creo que no pararán de hablar de él todos los que le vieron por la banda del Santiago Bernabeu ‘comiéndose’, nada más y nada menos, que a Marcelo. Lo que pocos saben de los que ahora le alaban –aunque tranquilidad, que acaba de comenzar- es que este chaval viene de la vida humilde de Guinea-Conakry y que se jugó seguramente su futuro, o la suerte de su familia, por venir a España para trabajar en eso que tanto crítica mi padre, para trabajar jugando al fútbol.

A veces, no sólo es esfuerzo del futbolista. Otro que el año pasado regateaba por Vallecas, el argentino Óscar Trejo, y que ahora está en Gijón, salía al Molinón desde el banquillo y se convertía en el mejor del encuentro que enfrentó a Sporting y Racing. Ese mismo Trejo que se marchó de su Santiago del Estero natal para irse a Buenos Aires a trabajar jugando al fútbol. Dejó a su familia allí, pero ellos no le dejaron a él, ya que sus padres iban a verlo jugar cada fin de semana recorriendo los más de mil kilómetros –que no son pocos- que separan la capital de Argentina con la ciudad santiagueña.

Cuanto podríamos contar en elgoldemadriz de historias parecidas en el fútbol modesto. Ese fútbol que a veces parece tan lejano al fútbol de élite. El mismo deporte, los mismos protagonistas, pero otro mundo. Futbolistas a los que ahora llaman mercenarios y antes jugaban sacrificando cosas o simplemente por amor a este deporte. Futbolistas que pasan de una orilla  a otra con tesón. Porque del campo de tierra de Boetticher a la hierba del Bernabeu o el Molinón hay un camino para cruzar el río.

Escrito por Jesús Ruiz Gómez el 27/09/2011
 
 
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