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Higuáin celebrando un gol. (FOTO: ARCHIVO) |
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No es fácil ser culé en Madrid o merengue en Barcelona. No es fácil ser vegetariano en una barbacoa. Tampoco lo es ser un corderito en una comida de Navidad. No es nada fácil ser un pez en el desierto. Pero lo que seguro que no es fácil, es ser de Gonzalo Higuaín.
Aunque realice una gran faena como la de la última jornada. Aunque las portadas del lunes en los periódicos deportivos fueran para el delantero del Real Madrid...No, no es fácil ser de Higuaín. Siempre le perseguirá el ‘San Benito’ de delantero que falla muchas ocasiones o que no aparece en las grandes citas.
Tampoco es fácil encumbrarle. En su pelea por el ‘9’ blanco con Benzema, parte con desventaja, ya que de todos es conocido, que el francés cuenta a favor con parte de la opinión pública cercana a los altos mandos del Bernabeu. Y ni si quiera los que están en contra de esa corriente de opinión se posicionan al lado del Pipita, pues tienen otras cosas por las que pelear.
En Argentina no tiene la aureola de jugador canchero, de jugador del pueblo, como tiene su compatriota Carlos Tévez. No sufrió para llegar ya que siempre se apoyó en su apellido, en el de su padre, que fue jugador de River y Boca. Sembró la duda de con que selección jugaría ya que también tiene nacionalidad francesa, dado que nació en el país galo.
La hinchada de River no tuvo tiempo de acogerle como ídolo, cuando empezaba a hacerlo se marchó para Madrid con 19 años –aunque es inolvidable como aquel narrador argentino cantaba el gol que le marcó de tacón a Boca en un clásico “¡El Pipita con el Tacooooo!”-. Ni si quiera fuera del terreno de juego es un personaje especialmente cercano o entrañable.
Vino sin ser nadie al Madrid y se ha creado a sí mismo a base de trabajo. Cuando nadie creía en él dio a los madridistas un título de Liga con importantes goles. Cuando nadie creía que ahora volviese en condiciones tras su complicada lesión de espalda…él coge y vuelve a posicionarse como goleador titular del equipo de Mourinho.
Nunca será el que más camisetas vende, y, repito, haga lo que haga, le acompañará la duda y la crítica. Pero lo reconozco, pese a no ser fácil, yo soy del Pipita. Porque las cosas difíciles tienen más sabor que las fáciles. Por eso, hay que ser de Higuaín.
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