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Uno de los jugadores del Rayo se llevó el balón del choque del Camp Nou. (FOTO: ARCHIVO) |
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Esa pelota que tras la falta lanzada por Míchel ‘I’ de Vallecas se envenenó y casi se cuela en la portería de Valdés. Ese esférico que empala Lass de primeras y se va al lateral de la red azulgrana. Ese balón que a punto estuvo de hacer callar al Camp Nou. Ese, está ahora seguramente en una estantería, o en algún lugar de culto, dentro de la casa de uno de los jugadores del Rayo Vallecano.
Será difícil de imaginar para los niños que coleccionen los cromos de la Liga. No creo que piensen que el futbolista que sale en la plantilla del Rayo y cuyo cromo vale lo mismo, o incluso es más difícil de conseguir que el de Messi, se lleve el balón del Camp Nou como recuerdo y menos aún si ha perdido por goleada. Pero así fue y, además, se lo llevó con la misma ilusión con la que uno de esos niños consigue el último cromo que completa su colección.
Sí lo entenderán los futbolistas que están empezando, los de Preferente o los de Tercera. Porque muchos de los jugadores de este Rayo Vallecano de Primera División se han curtido en la Segunda, la Segunda B o la Tercera e incluso hace apenas dos o tres años jugaban al mismo fútbol y con la misma ilusión que ahora, pero en esas modestas categorías.
Podría haberse llevado también este futbolista el balón del Bernabéu o el del Vicente Calderón en esta última jornada. En todos esos campos de los grandes, el Rayo ha sido, para bien y para mal, un equipo valiente, muy valiente. Sin miedo a perder e intentando ganar a esos equipos que con sus presupuestos podrían comprar cuatro, cinco o casi diez plantillas franjirrojas enteras. Me decía una amiga rayista que “con la buena imagen no nos salvamos” y es cierto, tres derrotas seguidas, aunque sean ante los grandes, es mal balance.
Los elogió Manzano tras el partido ante el Atlético. Ya lo había hecho Emery y también Mourinho. Y no podía faltar Pep: “Es imposible que con esta ambición no siga en Primera. El Rayo es un equipo valiente”. Lo decían por el planteamiento futbolístico, pero aprovecho para reafirmar que el Rayo también puede salvarse por otras cosas que no se ven de este equipo. Esas cosas que no salen por televisión o en la prensa. Eso que tienen bastantes futbolistas de esta plantilla, que como el que se llevó el balón, derrochan humildad e ilusión por encima de todo.
Humildad que no sólo la tienen los futbolistas, sino también gran parte de los que rodean al primer equipo, el filial, las chicas, la cantera, los trabajadores del club, la prensa que sigue el día a día y, sin duda, la afición. La mayoría tienen esa humildad de la gente ‘normal’ y de la gente de barrio. Sin dudar de donde se viene, de Vallekas, sabiendo hacia donde se va… Y, sobre todo, el ‘cómo’ se va. Porque a veces en el fútbol, como en la vida, importa mucho lo que haces, pero también cómo lo haces.
Incluso en lo de llevarse el balón del Camp Nou, el ‘cómo’ también importa. “Pues ya estábamos al final del partido en el vestuario y fastidiados por perder aunque fuese lo lógico. Y nada, apareció uno de los linieres, que es conocido mío, me dijo que si quería el balón de recuerdo y ¡Cómo para decirle que no! Rápidamente me lo guardé (risas)”, así me lo relataba el futbolista que se llevó dicho balón, con esa humildad y con una gran sonrisa en la cara de esa ilusión con la que va a pelear este año el Rayo por seguir en Primera. Así que aunque toque sufrir, aunque con humildad pero sin meter la pelota la cosa no funciona, aunque haya equipos con los mismos méritos…pese a todo, cojan la ilusión de ese balón del Camp Nou y…A LAS ARMAAAAS.
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