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El currante

Eso del triunfo fácil nunca fue lo mío. Según ha ido pasando el tiempo y desde pequeño, me he acostumbrado a la victoria muy trabajada o, incluso, al agrio sabor de la derrota. Te gustaba una chica, te hacías su amigo, conseguías su confianza, pero de buenas a primeras, en un pin-pan, aparecía uno nuevo en clase y, como si fuese John Travolta en ‘Grease’, se llevaba a tu Olivia Newton John de turno, con un par de miraditas de Don Juan.

En los estudios, he sido de esos que pasaban horas hincando codos. Entablando una relación intima con la mesa de estudio, para que, cuando llegase al examen, los alfileres que sostenían la lección desapareciesen con la misma facilidad con la que Messi regatea rivales. Luego, en el recreo, el compañero ‘listo’ de turno decía: “¡Puff! Estaba chupado, me lo leí una vez ayer y ya me lo sabía”.

Qué decir de esas maravillosas deportivas que suplicabas a tu madre que te comprara. Meses de subir la compra, sacar la basura, recoger la ropa, comer verdura…y el día que, por fin, te las habían comprado y las estrenabas, emergía el amigo pudiente de la pandilla con el ultimísimo y carísimo modelo de zapatillas que eclipsaban a las tuyas.

Y en el deporte... El equipo de fútbol del colegio era ese que siempre iba último en la clasificación, con 6 goles a favor y 42 en contra. Si además le sumamos que al colegio que iba se llamaba ‘Madre de Dios’, imagínense las bromitas que despertábamos en la Liga Municipal.

Estas ácidas experiencias acaban produciendo en ti una peculiar capacidad de entender, de empatizar, de llegar a la simbiosis con todo aquel que se lo curra, que trabaja por lo que quiere. Como Juanfran, el futbolista alicantino del Atlético de Madrid.

Tras sufrir calabazas en la cantera del Real Madrid, hincar codos en la escuela de Osasuna, ponerse la colchonera sin entrenar y posteriormente vivir eclipsado por el áspero banquillo…tras eso y tras meses a la oscuridad del Manzano, llega Cholo Simeone y cuenta contigo.

De lateral, en vez de extremo que es tu posición. Y un día bien y al otro mejor. Poco a poco. Te aclama el Calderón. Te haces fuerte. Te lo curras. Siempre humilde. Mejoras tus defectos. Suenas para la selección. Y llega un día…un partido feo del Atleti ante el Granada. Último minuto y, pese a ganar, casi pidiendo la hora.

Recoges un balón en tu campo. En banda derecha. De un giro de calidad dejas roto a un rival. Del segundo te vas en velocidad; es cierto, estás muerto del cansancio pero milagrosamente le ganas como si fueses Usain Bolt. Al tercero le dejas atrás con un suave autopase. Ya estás en tres cuartos de campo rival. Sigues corriendo. Ves al Tigre, a Falcao, con las uñas afiladas galopando también hacia la portería. Sacas el último gramo de fuerza para ponerle el balón justo donde necesita para rematar a gol.

Tú rezas porque lo meta. El colombiano, tras quedársele la pelota atrás, dispara, la toca el portero, pero sí, acaba entrando. Locura en el Calderón. Y todo eso que Juanfran llevaba padeciendo durante meses parecía haberse convertido en gasolina, en carbón para una vieja locomotora.

En la vida, créanme, pasan cosas parecidas. Al final llega el momento en el que estás con la chica de la que vives enamorado; has conseguido empezar a labrarte el futuro con el que soñabas; te da igual llevar el último modelo de ropa o ir a la moda, te dan igual lo que piensen los demás. Y sí, incluso tienes tu segundo de gloria marcando el gol de la victoria en algún partido de fútbol. Porque te lo curras. Y al final, aunque suene utópico, hay una justicia universal que acaba premiando al currante.

Por eso, cuando desde la grada del Calderón veía a Juanfran tirado sobre el césped, en esa mañana soleada del pasado domingo, exhausto tras su gran cabalgada, contento por el gol de Falcao y radiante por conseguir lo que tanto le había costado…sentí una irremediable sensación de recíproca felicidad hacia él.

“Para mí, dar una asistencia es como meter un gol”, dijo después ante la prensa. Sí, Don Juan Francisco Torres Belén, tiene razón, eso son cosas que nos pasan a los currantes.

Escrito por Jesús Ruiz Gómez el 13/03/2012
 
 
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