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Antagonista

Batman tenía al Joker, Harry Potter a Lord Voldemort, Luke Skywalker a Darth Vader, Peter Pan al Capitán Garfio, Rocky Balboa a Apolo Creek, Sherlock Holmes a Moriarty, James Bond a Goldfinger,  John McClane a Hans Gruber o los mosqueteros al cardenal Richelieu. Pero no, la contracrónica de esta semana no va a ir de ningún malo malísimo. Todo lo contrario. Va de un futbolista extraordinario. Superlativo. Incuestionable. Futbolísticamente un portento. Extra deportivamente siempre discutido. “Love-Hate” (Amor-Odio), rezaba una publicidad sobre él de la marca deportiva que le patrocina. Ése es Cristiano Ronaldo.

Hablar de sus condiciones es una pérdida de tiempo. Cualquier aficionado al fútbol del mundo o incluso alguien que no siga el deporte rey, sabe de lo que es capaz el astro portugués y cuales son sus cualidades.

Nadie duda de que sea el mejor, o segundo mejor, talento individual futbolístico del mundo, pero algo inevitable hace que Cristiano no reciba ni el cariño que se merece ni incluso el reconocimiento que se ha ganado. Alguno se echará las manos a la cabeza y pensará que este contracronista está loco, pero no, piénsenlo.

Hace unas semanas decía él mismo que ahora empezaba a sentir el cariño de su afición. Ahora notaba que el Bernabéu coreaba su nombre. ¿Ahora? Sí, su propia afición, que seguro que no duda de la calidad de su futbolista, pero que no tiene un idilio de amor con CR7.

Está temporada, con los dos tantos de esta jornada, suma ya 37 en Liga. ‘El bicho’ ha marcado más goles que los que llevan en total Sporting, Racing, Zaragoza, Villarreal, Granada, Betis, Mallorca, Getafe, Osasuna o Sevilla.

Nada, cualquier cosa vamos. Ya era hora de que sintiera cariño, siendo el año pasado Bota de Oro y llegando a la marca (que va a superar este año) de 41 tantos en Liga y 53 en global. Dios mío, si es que da pavor hasta escribirlo.

Del resto de aficionados no madridistas, ni hablamos. Para muchos su antimadridismo o el personaje que se ha creado entorno a Cristiano impiden que vean como ante Osasuna volvió a ser el mejor del Real Madrid, incluso no estando especialmente bien.

Antes de que Benzema se disfrazase de Van Basten en su gol y que Higuaín pusiese el quinto, Cristiano, con uno o dos amagues, un autopase y una zancada se había librado, en ambas jugadas, de un jugador rojillo con insultante facilidad. Y, después, su primer gol, desde 35 metros. Tan ligero como un bailarín, tan contundente como un boxeador.

Este contracronista es el paradigma del juego colectivo, entre otras cosas por la ausencia de calidad en mis pies, pero si yo tirase como Cristiano ya aviso que no le pasaría ni una vez el balón a mis compañeros, chutaría siempre.

Aún así le siguen poniendo peros. Que si chupa, que si no celebra goles, que si no marca de falta… Mucha culpa de ello la tienen dos cosas. La primera, su carácter: altanero, soberbio, casi arrogante, ambicioso, insaciable…increíblemente seguro de sí mismo y de su afán de superación.

La segunda, Lionel Messi. La figura del argentino, para muchos ya el mejor futbolista de todos los tiempos por delante de Pelé, Maradona y el Espíritu Santo, tiene lo contrario a la del portugués. Es sencillo, tímido, humilde, más hábil que potente…Messi es el bueno, el protagonista, Cristiano su rival, el malo, el villano, el antagonista.

La figura de Leo, junto con el dominio del FC Barcelona, le quita la pizca de carisma para reinar él solo el planeta fútbol. Eso sí, esa lucha está haciendo la leyenda de ambos más grande, haciéndoles mejorar pese a que a Cristiano le reste en reconocimiento.

Se está hablando del que seguramente sea junto con Figo, Futre y Eusebio (o incluso por encima de ellos) el mejor jugador de la historia de Portugal, pero ni eso le permite que en su propio país le tengan como ídolo principal. El ser isleño (de Madeira), haber salido de la cantera del Sporting y no de la del Benfica o la carismática figura de su actual entrenador, Mourinho, le tienen en un segundo plano en el trono luso.

Cristiano está obligado a ir contracorriente, a tener ese aura de repudia general en cada campo que pisa, pero, seguramente, si no fuese de esta forma, Cristiano no sería Cristiano. Es sencillo, a Cristiano no hace falta que le quieran, sólo que le necesiten. Como a cualquier antagonista.

Escrito por Jesús Ruiz Gómez el 03/04/2012
 
 
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