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¿Y si todo fuera un sueño?

Érase una vez un niño. Un niño loco por el fútbol, como lo suelen estar muchísimos niños. Balones, recreos, cromos, camisetas, transistores, televisión…y un día una frase: “Papá, llévame al fútbol”. El padre de nuestro niño no tiró ni por la Castellana ni al Manzanares (pese a que era más indio que vaquero) y eligió la Albufera, como lo suelen hacer muchísimos padres.

El niño era de barrio con solera, así que la primera vez sería en otro barrio, en el de Vallecas. Calles abarrotadas, ambiente caldeado, compartiendo paseo con un ex portero africano o un excéntrico entrenador. Estaba en el Valle del Kas.

En las escaleras de hormigón, con el padre de la mano, cosquilleos y nervios entre conversadores visionarios: “Prefiero que el estadio se llame como siempre, que el Ruiz Mateos y señora nos querrán mucho pero yo de ellos no me fío”.

El niño salió a la grada, olió el fútbol y sintió vértigo, como lo suelen sentir todos lo que salen por primera vez a la grada de un estadio de fútbol. No sería tan alto como el Bernabeu o el Camp Nou, pero a él le pareció estar asomándose al Empire State o la Torre Eiffel. Impresionante. Un sueño.

Tal fue la impresión, que tras aquello siguió con interés a aquel equipo que tenía la misma franja roja que un grande de la Argentina. El niño, como lo suelen hacer otros niños, probó más aficiones y otros estadios. Pero no dejó de mirar de reojo hacia Vallecas y jugaba a ser Cota por el lateral derecho en los partidos del colegio.

Volvió el niño a visitar Vallecas más veces. Y, ya más mayor, imaginaba en su cabeza que podría haber pasado si aquel Rayo Vallecano hubiese eliminado al Alavés en Europa ¿Una final contra el Liverpool, el cual era su debilidad británica? No fue así. Aunque lo que nadie le quitó ya, era la admiración por una zurda vallecana, la de Miguel Ángel Sánchez, su majestad ‘Míchel I’, que compartía con Del Piero, Raúl o McManaman sus sueños futbolísticos.

Sin ser rayista, le dolió la caída del que se supo que había sido antiguamente ‘el matagigantes’. Se desplomaba a Segunda B y ya ni cromos, ni telediarios hablaban del ‘Rayito’. Gracias a una radio sabía del equipo y, gracias a las entradas que se regalaban, regresó a ese estadio que en la categoría de bronce no estaba lleno pero lo parecía, gracias a unos locos y fieles seguidores que le hicieron entender que ellos y no otros eran el Rayo.

Dejó de ser niño, como le suele pasar a muchos niños. Y convertido en periodista se entusiasmó al oír los cánticos de Pachón y Coke que salían del vestuario, mientras esperaba entrevistarlos. Se acongojó (por no decir otra cosa) cuando vivió desde el césped un partido y reafirmó muchos años después que “This is Vallekas”. Un sueño.

“Ese que ves ahí es Sandoval, el entrenador que ha ascendido al filial. No descartes que el año que viene sea el que entrene al primer equipo”, le dijo el ya chaval, a un colega suyo, durante un descanso del último partido de una mala temporada, mientras compraban pipas en los puestos de ‘Vallekanfield’.

Lloró desde el propio césped vallecano con el gol de un argentino el día del Xerez. De guinda del pastel tuvo la fiesta del ascenso a Primera División subido en aquel bus, que no usaba gasolina sino ilusión, para ir del estadio a la fuente de la Asamblea. Otro sueño

Y así llegamos a esta semana. Él no pudo ir a Vallekas, trabaja en la radio y uno de los que aconsejan ahora en el ‘club’ no deja que las radios trabajen dentro de los estadios. Así que, desde el estudio, escuchaba como un amigo narrador se desgañitaba cantando los tantos de una goleada histórica, la más amplia que ha realizado el equipo en Primera. De fondo, el sonido del estadio…”a las armas”… “somos de Vallecas”… “la vida pirata, la vida mejor”…y la piel de gallina. La piel de sueño.

Porque ese equipo y esa afición le habían demostrado desde niño que eran algo especial. Años después, amigos conocidos, compañeros compartidos, Isis, vallecanos, rayistas, canteranos y muchas vivencias más, el niño sólo podía agradecer al Rayo su inestimable ayuda por hacerle soñar.

El Rayo no son concursales, demandas, deudas, malos augurios, cara duras, etc…El Rayo es el 6-0 a Osasuna. Es otro año en Primera. El rayo son los que el niño vio en Segunda B. Son los que, como el padre del colega Fernando Sebastian, no tienen la sangre roja, sino descolorida, por eso de tener una franja en medio. El Rayo son sueños.

Por cierto, aquella primera vez en la que el niño pisó un estadio de fútbol, pasó algo…sí…especial. El Rayo ganó 2-1 aquel partido pero la Promoción la acabó perdiendo y descendió a Segunda. Los rayistas paseaban ‘jodidos’ por Payaso Fofó, pero el niño quedó tan enamorado de aquello que no estaba triste, no podía. Sólo rondaba una pregunta por su cabeza. No dejaba de darle vueltas a todo lo vivido esa noche. Actualmente, se sigue haciendo la misma pregunta… ¿Y si hoy despertase y fuese otra vez el día de ir por primera vez al fútbol? ¿Y si todo fuera un sueño?

Escrito por Jesús Ruiz Gómez el 10/04/2012
 
 
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