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Abordaje a la liga

Tan vieja como la misma navegación es la piratería. Acorazados, fragatas, veleros,  galeotes, galeras, o cualquier otro tipo de navío, daba más miedo y respeto si tenía sobre su mástil la más famosa de las banderas que ha navegado jamás por los océanos de todo el mundo: la de los piratas.


Que me perdonen los indios que acampan en la orilla del Manzanares, porque están de dulce con su jefe a la cabeza, ‘El Cholo piel rojiblanca’. Que me perdonen los vaqueros azules de Getafe, que dispararon al aire en Granada y trotan irregularmente hacia Europa.

No toca hablar ni de indios ni de vaqueros. La historia de hoy es de piratas. Y que me disculpen  los bucaneros que navegan por la Albufera y que como buenos corsarios cantan lo de la ‘vida pirata’ con el alma cruzada por la franja. De ellos tampoco toca hablar.

Los piratas de los que hay que relatar sus aventuras son los piratas que anclan su barco en el puerto de la Castellana y que este fin de semana saquearon el mayor fondeadero posible, el del Camp Nou de Barcelona.
Un pirata nunca es bondadoso, por eso es pirata, pero hay que decir que, esta vez, el ataque fue de lo más noble posible. El capitán de la nave, el luso José Mario dos Santos Félix Mourinho, Mou de Setubal  (el capitán 'special one’, como le conocen en la Pérfida Albión) se dejó de arengas vengativas, o viejos fantasmas del pasado, e hizo lo que mejor sabe, planear una buena estrategia.

En la popa, arropados por el marinero Iker ‘El santo’, dos de los filibusteros más bravos, Pepe y Ramos, dieron todo en la batalla, brillando con espadas, cuchillos y sables entre los dientes. Junto a ellos los lobos de mar más perseguidos, Coentrao y Arbeloa, se encargaron uno, el portugués, de silenciar bocas anulando a Alves, y el otro, el salmantino, le enseñó al joven Tello lo que es el trabajo en alta mar.

El pirata más versado, el romántico Alonso, dejó de nuevo a un lado sus delineantes arremetidas para fajarse en la defensa como el más insigne compañero que se sacrifica por el resto de la tripulación. El teutón y, a veces, invisible Khedira, pasó a los libros por marcar la víctima 108 del barco madridista en esta Liga.

El contramaestre galo, Karim, atacó con elegancia e inteligencia. No fue a degüello. El capitán le volvió a encargar eso de bajar a la bodega y aguantar el tesoro esférico cuando los blancos subían a la proa. El más pirata de los piratas, el bohemio Granero, apareció en los instantes finales para calmar y tirar de sangre madridista.

Y, cómo no, Cristiano Ronaldo, fue el encargado, hierro en mano, de asestar el golpe final y conquistar al abordaje la batalla liguera. “Calma, que ya hemos conseguido esto”, dijo el astro portugués mientras alzaban velas, volvían a puerto con la copa de La Liga enganchada de un asa en lo alto del mástil y pensando ya en navegar hacia Munich para abordar a la ‘orejona’.

Escrito por Jesús Ruiz Gómez el 25/04/2012
 
 
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