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EL Getafe pasa por un momento dulce de su historia. (Foto: archivo)
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Después del invierno más lluvioso de las últimas décadas, por fin luce el sol en el cielo despejado de Madrid. Cielo azul. En el sur de Madriz no llueve desde hace casi 6 años. No cae ni una sola gota de agua desde el 19 de junio de 2004. Algunos meses antes de ese mágico sábado el cielo sureño se había comenzado a abrir para dejar paso al color azulón. Desde Tenerife hasta hoy. Del ascenso a Primera a la épica remontada ante uno de los mejores equipos de España. Del día de San Pachón a la petición de Beatificación del que hace un rato era “el hijo de”, Adrián. 2137 días después, 2137 Días Azules.
Sí, estas líneas están dedicadas al Getafe, ese equipo al que los más veteranos vieron jugar en Ligas Regionales. Servidor no es tan viejo, aunque el espejo se encarga de decirme cada mañana que la juventud se quedó en otro capítulo de esta vida. Mi primer recuerdo del Getafe lo asocio a Parrado, ese delantero que me hacía cantar goles y más goles cada fin de semana, goles que yo guardaba en el baúl de aquel añorado Madrid al Tanto. El club azulón luchaba en Segunda B, después de una desaparición traumática (1983) y de unos cuantos años de penurias deportivas y, sobre todo, económicas.
Lejano en el tiempo queda un cabezazo (¿o remató con el alma?) de Pulido en el Amilivia en el minuto 93, instantes antes de que el gran Felines pronunciara en León aquel hilarante “Miau pal gato” Y el “chicharro” de Iñaki en Motril que suponía el ascenso a Segunda, primer gran éxito del “Proyecto Ángel Torres”.
Y luego la tarde inolvidable del Heliodoro, las lágrimas de Luis López en el vuelo de vuelta, la ciudad de Getafe echada a la calle a las 4 de la mañana, “Torito Blanco” sin voz. Y la permanencia el primer año en la élite, con Quique Sánchez Flores en el banquillo. El crecimiento paulatino, el trabajo incansable de todos los empleados del Getafe Club de Fútbol. Los éxitos de entrenadores como Schuster o Laudrup, que se doctoraron bajo el cielo azulón. La victoria contra el Madrid con aquel gol de Albiol. Y la humillación al Barcelona con aquel 4-0 de Dibujos Animados en el Coliseum. Y las dos finales de Copa, dos sueños de los que el Destino despertó a los hinchas azulones a última hora y con demasiada crueldad. Y la UEFA. El gol de Contra en el Allianz Arena. La canción de los Limones. El gol de Contra en el Coliseum. Y otra vez el Destino disfrazado de Luca Toni para cometer una de las mayores injusticias de la Historia del Fútbol. Y la salvación en Santánder el año pasado, la primera dosis del efecto Míchel. En definitiva, unas cuantas páginas escritas con la pluma de Primera División, la que no escribe renglones torcidos.
2137 días que han servido para que este humilde club del Sur de Madriz fuera por unos días el equipo de toda España, 44 millones de aficionados frente al Todopoderoso Bayern Munich. Un club que ha fichado bien y ha vendido mejor. Que ha servido como trampolín para que futbolistas como Güiza alzaran una Eurocopa de Naciones al cielo también azul de Viena. Y que a falta de 4 jornadas para el final del Campeonato está a punto de regresar al mapa europeo. Y es que el “Geta” volverá a lucir su cielo azulón en los estadios de los mejores equipos de Europa.
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