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José Ramón Sandoval, técnico del Rayo Vallecano. (Foto: archivo)
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“Pepe, soy José María Ruiz Mateos. ¿Estarías dispuesto a volver al banquillo del Rayo Vallecano?” Mel habló con el Jefe y colgó con el sinsabor y la tristeza de los que conocen que muchas veces en el Rayo las cosas no se hacen nada bien. El dueño del club telefoneó a Pepe Mel después de la derrota de los vallecanos en Irún, apenas unos días después de la destitución de uno de los técnicos más importantes en la historia del Rayo Vallecano de Madrid. José María Ruiz Mateos llamó al ex entrenador a título personal, sin consultar con nadie. Mel no volvió. No podía. Porque estoy seguro de que sí quería. Pero ya no podía.
La etapa Miñambres sólo arrojó una consecuencia positiva: la salvación. Él mismo descontaba los días que le quedaban en el banquillo porque la silla de un entrenador quema aunque la pongas a la sombra, mientras que la silla del Director Deportivo nunca quema, ni siquiera si la situamos en pleno Desierto del Sahara.
Alguien en el club confió en Sandoval. He hablado con él y me han hablado de él. No tengo ni la menor idea de si el Rayo ganará la Liga o luchará otra vez por no bajar a Segunda B. Pero hoy, a un mes de que comience el Show, quiero escribir que la elección me parece un acierto. Sandoval te cuenta la película con tanta ilusión que te entran ganas de que la temporada arranque mañana. Está eufórico, contagia a sus ayudantes, habla constantemente con sus jugadores… y sabe que después de muchos años de pelearse en los campos de tierra (es un decir) le ha llegado la gran oportunidad de hacer algo grande con un club especial, único: el Rayo.
Van a llegar dos delanteros con talento y pólvora, el vestuario está convencido de que Aganzo puede jugar por fin 30 partidos, se está peinando el mercado para encontrar un jugador con “el último pase”, otro central reforzará la defensa y unos cuantos futbolistas tendrán que dejar sí o sí la disciplina franjirroja (Sandoval ya ha hablado con todos ellos). Y da gusto ver a Borja García (¡qué gol en Hospitalet!), Provencio, Lucas… y sobre todo Diego, jugador de cuyo fútbol me he enamorado locamente. “Es como Iniesta, ya lo verás, lo que pasa que es ahora cuando tiene que demostrar que puede ser alguien importante en el fútbol”, me confesó hace poco un tipo igual de soñador que yo.
Creo en Sandoval. Quiere torear. Se arrima al animal. Le gusta que la plaza esté llena, está convencido de que este año en Vallecas volverán los “olés”. Y tiene el apoyo de la grada, que sabe más de fútbol que algunos de los que toman decisiones en el club. Y me gusta que presuma de que su equipo no dio ni un patadón en el primer partido de pretemporada. Es verdad: no sabemos cómo es el cielo de Segovia, no miramos para arriba ni una sola vez.
Por todo esto y porque la pasión me puede cuando hablo de la franja roja: Bienaventurados los que creen en Sandoval porque de ellos será la ilusión del ascenso.
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