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La vida de Borja García ha cambiado mucho desde que marcó el gol del ascenso del filial del Rayo Vallecano (Foto: RAYOVALLECANO.ES) |
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Conocí a nuestro protagonista hace algunos meses. Le llamé por teléfono y le propuse quedar para hacer un reportaje. Al otro lado del teléfono me encontré un chaval de barrio, normal, natural, ligeramente “cortado”. “¿Dónde quedamos?”, me preguntó. “Donde quieras, yo me desplazo. ¿Dónde vives?”. “En Villaverde”.
Pues nada, cogí el Metro (¡¡¡vuela!!!) y me planté en este conocido barrio de Madrid. Nos habíamos citado en el campo del Villaverde Boetticher, campo de tierra emblemático de Madrid. Nuestro futbolista llegó puntual, conduciendo su primer coche (o sea, ese primer coche que hemos tenido todos: pequeño y útil). Lucía unas gafas “Carrera” y un rostro en el que se mezclaban el cansancio y la felicidad.
Nos presentamos y entramos en el recinto deportivo. Hicimos las fotos de rigor, charlamos un rato de fútbol y compartimos unos minutos con el empleado rumano que desde hace muchos años cuida la tierra de Villaverde Boetticher. Una vez terminada la entrevista, me fui a casa con la sensación de que tenía un buen material. Ese material se convirtió en un humilde reportaje del que guardo un magnífico recuerdo.
El futbolista era Borja García. En aquellos momentos era un ídolo para la familia rayista. Había logrado el gol del ascenso para el Rayo Vallecano B. Aquel mágico e inolvidable minuto 94 en Hospitalet. No era el jugador más ponderado de ese filial, por delante en atención mediática estaban los Provencio, Arribas, Juan Carlos, Lucas o Diego. Pero el héroe era Borja. No sabía qué iba a pasar con él, pero por entonces ya tenía la ilusión de tener oportunidades en el Rayo grande. Y eso que todavía no se sabía que Sandoval iba a ser el entrenador.
Los sueños se cumplen. Y el de Borja García se está cumpliendo. El chaval de Villaverde está triunfando en Vallecas. Es titular indiscutible. Está metiendo goles. Enamora con sus bicicletas y su verticalidad. Se atreve con todo. Es valiente. No se achanta, no le pesa la franja roja. Se marcha cabreado cuando le sale un mal partido (Tarragona). Los técnicos hablan maravillas de él. El estadio Teresa Rivero se rindió a Borja cuando fue sustituido en el partido contra el Villarreal B. Y todo con tan solo 19 años.
Ojalá Borja siga creciendo. Representa el fútbol de barrio, ése que todavía se mama en las calles o en los campos de tierra. Borja encarna el espçiritu de Villaverde. “Villaverde Power” con la franja roja, la que luce orgulloso en el Rayo Vallecano de Madrid.
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