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Lucas junto a seis canteranos más estuvieron en el once del Rayo en la pasada jornada.
(Foto: ARCHIVO) |
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Cobeño, Coke, Amaya, Arribas, Yuma, Borja y Lucas. Siete canteranos en el once titular del Rayo – Valladolid. ¡Siete! Y uno más en el banquillo. No uno cualquiera, sino Míchel I de Vallecas. Con esa apuesta el Rayito le ganó 3-0 a uno de los trasatlánticos de Segunda División. Me consta que este tipo de victorias se celebran con más devoción en el club y en el barrio.
Sandoval está cumpliendo lo que dijo. Y lo dijo en dos sitios, dentro y fuera. “Voy a estar arriba y lo voy a hacer con muchos chavales”. Era (y es) una apuesta arriesgada. Muy arriesgada. Pero es su apuesta. Pocos entrenadores pasan de la demagogia delante del micrófono a la revolución canterana. Sandoval lo ha hecho… y de momento le está saliendo bien. Lo más difícil de meter canteranos en el equipo son las consecuencias de dejar fuera a futbolistas con más nombre. Si pierdes se va a enrarecer el ambiente. Y aunque ganes vas a tener a unos cuantos veteranos “quemados”. Por eso un entrenador tiene que ser muy valiente para meter a un Lucas y sacar a un Delibasic o a un Piti. Me cuentan que el zurdo está muy “mosca” por quedarse el otro día fuera de la convocatoria.
El Rayo Vallecano de Madrid ha trabajado muy bien con la cantera durante los últimos años. Juan Pedro Navarro y muchos entrenadores de base (¡enorme Mateo García!) han contado con el apoyo del club para cuidar a los chavales. La Ciudad del Rayo ha supuesto el penúltimo ladrillo en la construcción de esa ilusión de barrio, que siempre es la ilusión más limpia y pura. El Rayo B se está saliendo en Segunda B. Después de 12 jornadas está por delante de los tres filiales de equipos de Primera División. Y el juvenil está peleando con el Real Madrid por ser el líder de la División de Honor. Además de los futbolistas que ya han derribado la puerta, otros como Provencio, Diego (mi debilidad) o Nono están en la libreta de José Ramón Sandoval.
Me emocionó ver a 7 canteranos sobre el césped de Vallecas. El barrio vibra con los suyos. Y más cuando esa gente está demostrando que va a pelear por estar en Primera. Larga vida a la fábrica rayista. Y larga vida a los valientes…
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