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El estadio más inglés de nuestro país, el Teresa Rivero.
(Foto: ARCHIVO) |
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Soy un “freak” de los estadios de fútbol y los pabellones de baloncesto. Me encanta conocer escenarios nuevos, oler el sabor a tradición de recintos deportivos que rezuman pedacitos de historia en cada asiento, en cada rincón. Por eso me gusta tanto la Premier League y sus estadios. Me sentí un privilegiado cuando entré de lado por el minúsculo torno de Anfield, o cuando en Highbury mis rodillas se estrellaban contra la siguiente fila de butacas. Dentro de pocos días conoceré el estadio “Ciudad de Manchester”, y el gusanillo “blue” lleva ya unos cuantos días deslizándose por mi estómago.
En España me gusta Vallecas (Vallekas). Me gusta compartir el ambiente caliente del Calderón, del Pizjuan, del Villamarín o del Carranza, pero el Campo de Fútbol de Vallecas Teresa Rivero ofrece un sabor especial, diferente. Me gusta llegar con antelación a los partidos. Con las luces apagadas y el estadio desierto, me siento en el escalón de la estrecha cabina de radio número 18 y asisto a la ceremonia de colocación de pancartas. Me emocionó el otro día el homenaje de Planeta Rayista a Rayo Herald. Son amigos que contra viento y marea se dejan la vida para ofrecer información de nuestro Rayo Vallecano de Madrid. Mientras los equipos saltan a calentar preparo la primera conexión para la radio, pero nunca dejo de mirar de reojo como se va llenando el campo más especial de España.
Dimensiones pequeñas, un fondo “Eurocolchón”, cabinas estrechas, Palco “recogidito”, banquillos a la antigua usanza, público cerca de los jugadores (¡¡¡malditas vallas!!!)… un estadio incrustado en medio del barrio, en plena Avenida de la Albufera. Cada 15 días disfrutamos de 90 minutos irrepetibles. Me dijo hace poco el míster Sandoval que el ambiente es tan intenso que a veces su mente sale del césped para irse a la grada, y así compartir los cánticos con sus aficionados. ¡Hasta se acordaba de en qué minuto había comenzado “La Vida Pirata”! Cómo mola cuando ruge “Vallekanfield”, cuando atruenan las gargantas vallecanas con el “A las Armas”. Hasta la presidenta, entre calada y calada, dibuja una sonrisa desde la zona noble cuando su estadio entra en ebullición. Sabe que esos gritos suman unos cuantos puntos al final de la temporada.
Escribo esto en la semana de otra invasión rayista. A Salamanca viajan cada año miles de bufandas franjirrojas, que son capaces de crear una atmósfera increíble en una de las esquinas del estadio Helmántico. Sólo hay que acudir a “Youtube” para rememorar momentos mágicos en las gradas del estadio castellano. Es el espíritu de una afición especial, que se hizo más fuerte y más numerosa durante cuatro años en el Infierno. Estoy convencido de que el año que viene visitarán el Bernabéu, el Calderón, el Camp Nou y Mestalla. CONVENCIDO. Larga vida a “Vallekanfield”… pronto en Primera División.
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