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Majestad

Este folio nace en la Sala de Prensa del Estadio Santiago Bernabéu. Allí estaba servidor antes del Real Madrid – Sevilla, cuando se me acercó Chema del Olmo, compañero de Onda Cero, uno de esos periodistas a los que es obligatorio escuchar y de los que es necesario aprender. “Cómo está el Rayito… y vaya partido que se marcó Míchel en Soria, ¡eh!”. Esa frase de Chema despertó en mi interior la ineludible necesidad de escribir sobre uno de los deportistas a los que más admiro: Míchel I de Vallecas.

Mis primeros recuerdos en el periodismo están ligados a Míchel. Recién comenzado el siglo XXI, un imberbe reportero recorría la geografía madrileña para acudir a los entrenamientos del Rayo Vallecano (Palomeras, La Peineta, Vallecas…). Eran muy buenos tiempos, aunque con la mano en el corazón afirmo rotundamente que junto a la franja roja todos lo han sido, incluso los peores. El Rayito hacía historia en Europa y en versión doméstica se ganó a pulso el calificativo de “Matagigantes”. En ese equipo destacaba una de las mejores zurdas que nunca vi, la de Míguel Sánchez, Míchel.

El Atlético de Madrid persiguió su fichaje, pero al final no cuajó. Meses más tarde, el club de Vallecas le presionó para que aceptara una oferta del Real Murcia. Esa propuesta era buena para el futbolista, pero sobre todo lo era para el club. A posteriori Míchel reconoció que no fue una buena decisión. Quizás porque Míchel sin Vallecas es menos Míchel. Quizás porque nunca confiaron en él como lo han hecho siempre en su barrio, en su club.

Con la eterna cara de niño, pero con una familia formada (¡esos niños vestirán la franja roja pronto!), Míchel I de Vallecas regresó al Rayo Vallecano de Madrid. Volvió para sacar al club del infierno, para soñar con un futuro mejor, para fajarse en campos en los que sabía que su zurda de seda iba a sufrir. Pero Míchel es rayista. Rayista hasta la médula. Hasta el infinito y más allá. Gracias al dios del Rayo (ah, no, que ese es Coke Andújar), nuestro Rayito salió de Segunda B para hacer feliz a una afición que domingo tras domingo idolatra al “8” vallecano.

“Necesito a Míchel en mi equipo, su rayismo y su calidad son imprescindibles para mi proyecto. Va a renovar otro año”. Sandoval lo tenía claro, y el club atendió su petición. A sus 35 años, Míchel es una persona muy importante para este Rayo. Y lo es por su corazón y por su fútbol. En el vestuario y sobre la hierba. Este año ha trabajado como un chaval para recuperarse de sus lesiones, siempre fue capaz de acortar los plazos. El otro día me emocioné asistiendo a la exhibición que dio el eterno capitán en Los Pajaritos. Dos goles, una falta “maradoniana” y grandes dosis de talento innato, ese que no se puede entrenar, ese que sólo atesoran los genios del balón.

Míchel I de Vallecas merece celebrar un ascenso a Primera División. Merece asistir en directo a un fiestón en el barrio. Merece compartir la alegría incontenible de una afición que lo quiere con locura. Todos sentimos que éste es el año. Míchel lo sabe. Y quiere disfrutarlo como lo haría un canterano. A sus pies, Majestad.

Escrito por Carlos Sánchez Blas el 03/02/2011
 
 
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