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Carlos Sánchez Blas pide respeto en las reivindicaciones rayistas. (FOTO: JESÚS RUIZ) |
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El comportamiento de la afición durante esta crisis institucional está siendo impecable. En general, han protestado desde el respeto, desde los argumentos, desde el dolor, desde la razón. Unos cuantos hinchas se han dejado la vida, el tiempo y el corazón en hacer pancartas para que las gradas del estadio reivindicaran el sufrimiento de jugadores, técnicos y empleados del Rayo Vallecano de Madrid.
Desgraciadamente, unos pocos han sacado los pies del tiesto. Es un error. Un error grave. NUNCA están justificados los insultos a una persona. Teresa Rivero no merece tener que escuchar palabras malsonantes ni acusaciones personales. Bien por las pañoladas de los minutos 15 y 60. Bien por las pancartas hechas desde el respeto. Bien por cualquier queja siempre que se haga desde la desazón, no desde la ira. “Cuando se insulta se pierde la razón. No me ha gustado nada escuchar algunos insultos dirigidos a la presidenta”, Sandoval dixit después del derbi.
El técnico de Humanes está representando en esta película el papel de mediador. Es un papel decisivo. El más difícil de todos, el más importante de todos. No podemos olvidar que la familia Ruiz Mateos le ha dado a José Ramón Sandoval la gran oportunidad de su vida. Sentarse en el banquillo de “su” Rayito es para el míster como haber conquistado a la “chavala” más guapa del Instituto. A pesar de ello, Sandoval no dudo en enfurecerse con su Presidenta el pasado domingo en Huesca. Se puso del lado de sus futbolistas, en el choque directo (cara a cara) con Teresa Rivero y en sus declaraciones posteriores en los medios de comunicación.
El pasado lunes Sandoval tomó la decisión de ir a Somosaguas. Le pidió a los Ruiz Mateos una disculpa pública hacia los jugadores. La reunión comenzó con reproches hacia el técnico y finalizó con disculpas hacia él. El “discurso a flor de piel” suele triunfar en esta vida, como casi todas las cosas que se hacen desde el corazón. Sandoval representa muy bien la forma de ser de los rayistas. Hablo de él porque él son TODOS. No exagero si digo que el corazón rayista sufre ansiedad durante los últimos días. No exagero si digo que el entrenador del Rayo Vallecano está pasando los peores momentos de su vida. Anoche, a las 22.05 horas, salió con sus jugadores al césped de Vallecas. Cuando todos se metieron en el vestuario, él se fue caminando hacia el otro fondo, al del “Eurocolchón”. Se sentó en un banco, atendió una llamada telefónica, se levantó, se fue al vomitorio de la esquina del estadio, se asomó a la verja… y desde allí escuchó “La Vida Pirata”, ese cántico mágico que se entonaba desde el fondo de los “Bukaneros” y se acompañaba desde otro lugares del estadio… ¡¡¡y también desde muchos balcones de los pisos colindantes!!!
Esa es la magia de la afición más especial del mundo. No hace falta subirse a una escalera de madrugada y jugarse el “pellejo” para retirar las letras del rótulo del estadio. Ni llamar “hija de puta” a nadie. Ni vejar a una persona que no se escondió y encajó desde su lugar en el Palco el reproche de 13.000 espectadores.
El respeto por encima de todo. Desde ese respeto la familia Ruiz Mateos está comenzando a comprender que el Rayo Vallecano es mucho más que una empresa. SENTIMIENTO CON FRANJA ROJA.
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