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El Kun Aguero durante un partido este año con el Atlético (FOTO: ARCHIVO) |
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Escribo desde muy lejos del Vicente Calderón. Lejos de La Peineta, de la ¿futura? Ciudad Deportiva de Alcorcón. Lejos del Paseo de los Melancólicos, del Cerro del Espino. Muy lejos de Argentina, donde están Agüero y Forlán. Lejos de Segovia, donde ya se entrenan Gabi y Silvio. Y Reyes, Antonio López, Joel, Diego Costa… Muy lejos de Valera también. Lejos del banquillo de Manzano, del despacho de Gil Marín, de la Productora de Cerezo. Muy lejos de miles de colchoneros repartidos por Madrid y España, que se preguntan hacia dónde va el Club Atlético de Madrid. Lejos de un amigo atlético que anoche me escribió por el “WhatsApp” (¡qué gran invento!): “Éste barco se hunde”. Lejos de todos ellos, tan lejos como 17.000 kilómetros de distancia. Pero muy cerca de un abonado del Atleti que siente (y sufre) a su equipo desde Australia.
Mi amigo “australiano” es el abonado número 42.756. Vive en Australia desde hace 8 meses. En el verano de 2010 pagó religiosamente los aproximadamente 1000 “pavos” que le cuesta su “vinculación sentimental” al club de sus amores. Renovó el abono porque antes de partir hacia las Antípodas quería, necesitaba ver a su equipo unos cuantos partidos de Liga y un par de ellos de la UEFA. Sí, esa competición continental que los de Quique tiraron al cubo de la basura. Ya en Australia, cada partido que jugaba el Atleti, un español se despertaba a las 4-6 de la madrugada, encendía su portátil, pinchaba una dirección “piratilla” y con su bufanda al cuello se imaginaba en las gradas del estadio Vicente Calderón, ese en el que se canta a voz en grito el himno del Metropolitano, que es el que más le emociona a mi amigo “australiano”. Al final, después de muchos madrugones y promesas de “para el próximo no me levanto…”, mi amigo “australiano” vio todos los partidos de la temporada… y terminó con la misma desazón que los millones de colchoneros que hay desperdigados por todo el mundo.
Y se enteró de que Quique terminó a “palos” con el uruguayo y acabó “largándose” (o lo echaron… o mitad, mitad). Y que el “Kun” dijo que no aguantaba más. Y temió (y teme) ver a su idolatrado “10” con la camiseta blanca. Y ya se muestra indiferente ante las peleas internas de Cerezo y Gil Marín. Y me pregunta que quién es ese tal Abásolo. Y recibe con escepticismo la llegada de Manzano. Y la de Silvio. Y la vuelta de Gabi. Y se cabrea al volver a ver en la plantilla a Raúl García. Y me pregunta cuántos años de contrato firmó Valera. Y tiene la convicción de que su Atleti dejó de ser GRANDE hace mucho tiempo… demasiado tiempo.
Pero ha renovado su abono. Y ha vuelto a dejarse otros 1000 “eurazos” para ver a su Atleti. Y está deseando regresar a Madrid para acudir al Manzanares. Y celebró con entusiasmo que la primera jornada de Liga sea fuera de casa porque así le da tiempo a llegar para asistir al debut de los de Manzano en la “Caldera”. Y sigue guardando su camiseta del “Kun” en un cajón porque tiene la esperanza de que nadie lo fiche. “Pero yo lo pitaría, al menos al principio, ¡eh!”, me dice todos los días.
Escribo desde el Aeropuerto de Melbourne. Desde muy lejos. Aquí la gente pasa del “soccer”, sólo viven para el fútbol australiano. Nadie tiene ni idea de lo que le está pasando al Atlético de Madrid. Pero sentado a mi derecha está mi amigo “australiano”, leyendo de reojo estas líneas. Él sí sabe lo que le pasa. Y piensa lo mismo que el gran Pancho Varona: “Yo al Atleti lo único que le exijo ya es que al menos me ilusione en verano”. ¿Será porque aquí en Oceanía es invierno? La realidad es que estamos a 10 de julio, con la previa europea a la vuelta de la esquina, y la ilusión de los colchoneros está por los suelos. Los de Madrid y los de Australia, separados por 17.000 kilómetros, piensan y sienten lo mismo: “QUO VADIS ATLETI?”.
“De todos modos, pon ahí que si se queda el “Kun”, y Forlán se compromete, y Reyes es constante, y fichamos un creador en la media, y Joel sale bueno, y Manzano no es “amarrategui”, y tal y tal y tal y tal… este año nos metemos en la Champions. Y yo en España para verlo”, dice mi amigo “australiano”. Allí, pase lo que pase, volverá a entonar el Himno del Metropolitano desde la tribuna del Calderón. Por lo menos este año se ahorrará los madrugones…
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