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Alegría en la siniestra

Marcelo. No es un jugador clandestino porque viste la camiseta del Real Madrid. Ha lucido la blanca en más de 150 ocasiones, y sin embargo su incidencia en la vida mediática del fútbol sigue destilando el aroma de “joven aspirante”. Es un jugador atípico. Es un personaje atípico.

Recibe una crítica atípica. Lo que nadie debe cuestionar es que a sus 23 años el “3” brasileño es uno de los futbolistas más importantes de una de las escuadras más importantes.
Llegó a Madrid hace ya 5 años. Sin “glamour”, sin “padrinos”, sin “pasado”. Desde entonces siempre ha formado parte de la plantilla del primer equipo del club merengue. Nunca ningún entrenador quiso que saliera cedido o amenazó con dejarlo fuera de los dorsales oficiales. Su importancia y peso han crecido según pasaban los años hasta convertirse desde hace tiempo en “titularísimo” de un equipo “top” (copyright Mou).

Futbolista atípico. Porque es un defensa que no defiende. Porque es un zaguero que se divierte. Porque es un no delantero que ataca. Porque es brasileño. Le gusta tocar, disfrutar, correr, soltarse, aparcar la disciplina para disfrutar con ese objeto redondo que a muchos nos hace gozar y soñar. Porque tiene cosas de Roberto Carlos. Porque su técnica individual es superlativa. Porque jugaría igual en el Bernabéu que en la pista de fútbol sala de cualquier colegio madrileño. Juega alegre y transmite esa alegría a sus compañeros y a sus aficionados. Si fuera por él, dejaría en blanco la pizarra de los entrenadores. Es tan atípico que a pesar de su descomunal talento no ha sido capaz de hacerse un hueco en la Selección de Brasil, cediendo el puesto a laterales peores que él. Ni siquiera estuvo presente en el Mundial de Sudáfrica.

Personaje atípico. Los que le conocen bien hablan de él como un “cachondo mental”. Bromista, divertido, sonriente, juerguista. Íntimo amigo de Pepe y Cristiano, al que le une un vínculo indisoluble. Estas tres líneas servirían para definir al “crack” Roberto Carlos. Pero no. Marcelo y el jugador/entrenador del Anzhi son muy diferentes. Y lo son solamente por un gran detalle: su relación con el “entorno”.

Al contrario que Roberto, Marcelo cambia la alegría por timidez cuando sale por la puerta del vestuario. Se “corta” delante de los micrófonos, comienza a huir en la segunda pregunta del periodista, ofrece respuestas escuetas. A él solo le gusta jugar y divertirse. Le encantaría poder hacerlo en cualquier playa brasileña. Quizás por eso la crítica que recibe es también atípica. Cualquier otro jugador con su talento y su rendimiento ocuparía las portadas de los diarios deportivos al menos una vez al mes. ¿Alguna vez habéis visto a algún hincha del Madrid con la zamarra de Marcelo?

El chaval disfruta de su “clandestinidad” mientras le demuestra a Mourinho que es un jugador fiable. Para el técnico portugués es un futbolista imprescindible. Se cabrea con él cuando entierra la disciplina, pero lo termina disculpando porque en esta vida todos tendemos a perdonar a la gente feliz. Y Marcelo lo es. Alegría para la banda siniestra del Real Madrid.  

Escrito por Carlos Sánchez Blas el 20/10/2011
 
 
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