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Pepe Mel, durante una rueda de prensa. (FOTO: REALBETISBALOMPIE.ES) |
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Entrenador de fútbol. Conozco a muchos. De todos los “colores”: obsesivos, trabajadores, “vaguetes”, bien rodeados, mal asesorados, buenos, regulares, malos, honestos, “falsetes”. Como la vida misma, vamos. Porque para la mayoría de entrenadores su profesión es una forma de vivir. El destino de los técnicos también es como la vida misma. Los hay buenos que no llegan y limitados con mucho nombre (o con buenos “padrinos”) que aterrizan directamente en la élite. Pues eso, como la vida misma.
José Mel Pérez. Pepe Mel. Entrenador del Real Betis Balompié. Los escalones de su trayectoria han sido Coslada, Murcia, Tenerife, Getafe, Alavés, Poli Ejido, Rayo Vallecano y Real Betis. Un “currante”. Éxitos y decepciones. Sufrir y levantarse. Llorar y volver a pelear. Equivocarse y volver a equivocarse. Como la vida misma. Algunos “gilipuertas” buscamos esa perfección que es imposible mientras adoramos las imperfecciones de los demás.
1 punto de 30. Pepe Mel arrancó la Liga con 12 de 12 en su casillero. Desde la quinta jornada del campeonato sus números arrojan un empate y nueve derrotas. Errores, sí. Sobredosis de mala fortuna, también. Sólo hay que ver la segunda parte de ayer en el Reino de Navarra. El Betis perdona media docena de ocasiones claras y acaba “palmando” en el minuto 93 con un gol de falta directa. Ya sabéis, aquello del circo y los enanos. Pues eso, como la vida misma.
Vaya por delante que Pepe Mel es mi amigo. Nunca lo he ocultado. Al contrario, me siento orgulloso de todo lo que he aprendido de él y de su familia. He saltado de alegría con él y me he secado las lágrimas con él, sobre todo cuando “su” Rayo le despidió. Sufrió más de corazón que de profesión. La franja roja le caló, aunque algún malintencionado trató de contar una película diferente. Coño, esto también es como la vida misma.
Pepe Mel tiene muchos defectos. Pero para mí posee una virtud que yo admiro en cualquier persona: PONERLE CORAZÓN A LA VIDA. Cuando uno hace todo con el corazón se pega 1000 trastazos, se equivoca 2000 veces y sufre por 3000. Como la vida misma. Sé que las últimas semanas han sido un infierno para él y para su familia. Porque Pepe trabaja para el Betis, pero también siente al Betis. Su mayor alegría fue sacarlo de la “mierda” y darle otra oportunidad a un club que coqueteaba con la desaparición y que acoge el sentimiento de miles de personas. Estos días el sufrimiento que invade el hogar de los “Mel” es brutal.
“A Rosa, mi amor, mi amiga. Y a Iris, mi auténtica Verónica”. Esa es la dedicatoria que aparece en “El Mentiroso”, la novela publicada recientemente por el entrenador del Betis. Rosa es su mujer, un “ángel” que vive por y para la profesión de su marido. Tampoco tengo por qué ocultar que para mí Rosa es como una hermana mayor, y que admiro la devoción que siente por los sueños de Pepe Mel. Y la imagino ayer sentada en el sofá de su casa viendo por la tele el partido, y llorar de rabia y de pena cuando Osasuna enterró las ilusiones verdiblancas. Pues sí, como la vida misma. Iris es su hija, una atlética hasta la médula que por encima de todo ama los colores de su padre. Como la vida misma, ¿no?
Cuando el Rayo destituyó a Pepe Mel, le sugerí entregarle un archivo con todas las opiniones vertidas en los foros por aficionados vallecanos. “Ahora no, cuando pasen unas semanas. No podría soportarlo”, me respondió. Más adelanté lo leyó, y conociendo su vena sentimental me puedo imaginar las emociones que le invadieron. Ahora es igual. Solo hay que repasar las menciones de su cuenta de Twitter para saber la devoción que siente la parroquia bética por su ídolo Pepe Mel. Sentimiento a flor de piel. Como la vida misma.
Desde aquí reivindico a la gente trabajadora, a los idealistas que sueñan despiertos, a los que tropiezan 3659 veces en la misma piedra. A los que caen, se levantan y vuelven a caer. A los que hacen de su profesión un modo de vivir. Como la vida misma.
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