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La cena

El cuerpo me pedía titular este artículo “La última cena”. Pero sería erróneo. Realmente el encabezamiento bueno sería “La cena es la última”. La cena de Navidad del Rayo Vallecano. El último capítulo, la última “pamplina” del surrealismo que invade al club desde hace ya demasiados meses. Sólo deseo con todas mis fuerzas que leáis estas líneas hasta el final, hay unas cuantas cosas que aclarar.

Hace 9 días José María Movilla escribió en su cuenta de Twitter: “Por diferentes motivos, la plantilla decide NO asistir a la cena de Navidad del club del día 14 de diciembre”. Movilla cometió un error, un fallo grave teniendo en cuenta que es uno de los capitanes del equipo. Movilla habló como portavoz del grupo. Se volvió a equivocar. El día 3 de diciembre Movilla tenía decidido no acudir a esa cena, decisión que mantiene y que es firme e irrevocable. El día 3 de diciembre la plantilla del Rayo Vallecano no tenía tomada la decisión colectiva de acudir o no. A día de hoy todavía no saben lo que van a hacer. Así que Movilla habló por él, como mucho por un grupo de futbolistas, pero nunca debió expresar en público una determinación colectiva que no era real.

La dichosa cena. Cena organizada por el club. Cena a la que algunos quieren ir, otros no, y algunos otros no saben qué hacer por lo que otros compañeros y el entrenador puedan pensar. “Si mi madre me invita a cenar y yo no me hablo con mi hermano, ¿ya no voy a la cena?”, ha comentado Sandoval. Sabemos que no irá Movilla, sabemos que aceptará la invitación Sandoval. Y sabemos más.

Que Felipe Miñambres se ha reunido esta mañana con la plantilla para pedirles que vayan a la cena. Y que, cómo no, Movilla se ha erigido en “batallador” para dejarle muy claro al Director Deportivo que él no iba y que el club no estaba cumpliendo con la plantilla. José Ramón Sandoval ha apoyado sin fisuras a su jugador, un futbolista por el que ha expresado, en público y en privado, su apoyo incondicional.

A mí, lo de la cena de Navidad del Rayo me parece una “chorrada”. Es el problema número 493 de un club que ni siquiera posee los mecanismos indispensables para el profesionalismo. Pero llegados a este punto hay que dejar bien claro que el ambiente del vestuario del Rayo no es idílico, y que tampoco lo fue la pasada temporada. Que hubo, hay y habrá roces. Que hay jugadores que confían en Movilla como “sindicalista” o “adalid de la revolución”, pero también muchos otros que están cansados y hartos del comportamiento del veterano futbolista. “Movilla consigue que su problema acabe siendo defendido por todos”, se escucha en algún despacho importante del Estadio de Vallecas.

El populismo no es rayismo. Rayismo no es querer cobrar un sueldo que todos saben es inasumible para una entidad quebrada por las deudas. Y esto último va por unos cuantos. Rayismo no es maltratar a los mitos vivientes del Rayo Vallecano. Rayismo es jugar en Segunda B con el equipo de tu corazón, tragar porquería por el bien del grupo o perder dinero para que lo cobren tus ya ex compañeros, como hizo en verano el 'dios' del rayismo, Coke Andújar. Eso es rayismo. O el de los benditos hinchas para los que ya se me han agotado las palabras de admiración hace muchos meses. El rayismo no es tan barato como algunos se creen.

Rayismo como el que han demostrado mis compañeros de Rayo Herald durante muchos años, cuando el equipo sufría en Segunda B y ellos, sin “pasta”, sin recursos, con “huevos” y con ilusión se sacaron de la manga un medio de comunicación que nutriera de noticias y sueños a la olvidada parroquia vallecana. Ayer publicaron que Movilla se había marchado del estadio en el descanso tras ser sustituido. Sé cómo trabajan y esa información va a misa.

Movilla se “mosqueó” y Rayo Herald, con un superávit de ética desconocido en el periodismo 2.0, ofreció al futbolista dar su versión en su web. Él dice que vio la segunda parte en la grada con su mujer. La única realidad es que su sitio estaba en el banquillo, apoyando a sus compañeros como le animan a él cuando está jugando, que es la mayoría de las veces.

El Rayo es un milagro. La gestión deja mucho que desear, el club está en manos de personas que ni en sus noches más felices soñaron con el sentimiento de la franja roja. El futuro es incierto. Y el día a día de la entidad es directamente para “flipar”. Necesitaría 100 folios para contar anécdotas tristes y lamentables de empleados del “Rayito”. La grada está necesitada de “héroes”. Pero por favor, que no sean héroes de “paja”. Aquí ya nos conocemos todos. Hala, amigos, me voy a cenar, que ya es hora. Me llevo bien con mi madre y no tengo hermanos.

Escrito por Carlos Sánchez Blas el 12/12/2011
 
 
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