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Ganar y enamorar

“Juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuya finalidad es hacer entrar un balón por una portería conforme a reglas determinadas”. Eso es el fútbol. Tan fácil, tan complejo. Lees esta definición y te secuestra la tentación de pensar que el mejor es siempre el que mete un gol más que el contrario. Resultadismo llevado al extremo. Incontestable, porque en el fondo es una verdad tan grande como el más grande de los templos. Pero muchos seguimos pensando que en el fútbol, como en la vida, el estilo tiene mucha importancia.  

No es lo mismo salir a ganar que salir a no perder. No es lo mismo salir a ganar con un equipo pequeño (¿temeridad?) que salir a ganar con un equipazo. No es lo mismo salir a no perder contra los mejores (Chelsea-Barcelona) que salir a no perder contra una escuadra pareja a la tuya (Chelsea-Bayern). No es lo mismo salir a no perder como rutina que salir a no perder en una cita puntual. Y por encima de todo, es censurable salir a no perder cuando posees mimbres para poder intentar ganar.  

Chelsea. Campeón de Europa tras deshacerse de Nápoles, Benfica, Barcelona y Bayern de Munich, este último en la gran final y en territorio enemigo. “Meritazo”. Los ingleses se levantaron de un 1-0 a 8 minutos del final, un penalti en contra en la prórroga y un pésimo inicio en la definitiva tanda de los 11 metros. Debemos admirar sin ambages el corazón y la fortaleza de ese grupo de jugadores, pero tenemos el derecho a desconfiar de una propuesta que huye de la valentía como si fuera una enfermedad mortal. Torres, con la copa de campeón entre las manos, se sinceró soltando una frase inesperada cuando uno saborea el éxito: “Nos faltó atacar más, hemos pecado de conservadores”. ¡Olé!

Todo lo que rodea al fútbol se ha radicalizado, ya sabéis, aquello de los negros y blancos. El debate de los estilos no es ajeno a las opiniones extremistas de hinchas y periodistas. Muchos antibarcelonistas reniegan del modo de jugar de la Selección Española porque comparten estilo con el Barcelona. Hasta tal punto que los que siempre enarbolan la bandera del resultadismo se olvidan de que esta España que aburre (¡jajaja!) ha ganado… y ha vuelto a ganar. Muchos barcelonistas reniegan de todo lo que no sea el “violinismo” que sólo “bestias” como Iniesta, Xavi o Messi son capaces de ejecutar. Pues eso, extremismos.

La figura “Bielsa” representa perfectamente esta tendencia de los extremos. O se le eleva a los altares como el gurú del fútbol bonito, o se le “mata” por defender (supuestamente) la teoría del esférico transmisor de música clásica. ¡Ojo! Una cosa es Bielsa, otra los “bielsistas” (yo) y otra los “bielsistas que nunca admitirían una pieza de rock`n roll en este nuestro fútbol”. Lo dicho, extremismos.

Es curioso. Los enemigos del toque sólo aparecen cuando un equipo defensivo gana. Los enemigos del toque sólo salen de su escondite cuando un equipo ofensivo pierde. Son resultadistas al extremo. Es una pena que se olviden de que últimamente equipos con un estilo “jugón” han ganado mucho. Pero mucho. Argumentan que los hinchas del Chelsea están contentos y les da igual como haya jugado su equipo. Nos ha jodido. Ni “Perogrullo” firmaría tan estudiada afirmación.

Se debe respetar cualquier estilo futbolístico, incluso que un equipo con un presupuesto brutal y buenos futbolistas proteja siempre su guarida antes que mostrar las garras. Pero yo, como hincha imparcial que se sienta en su sofá a disfrutar de una final de la Champions, tengo derecho a decir bien alto que el fútbol del Chelsea es aburrido y por momentos insoportable. Y no siempre defienden bien, ya que en Stamford Bridge el Barça les creó media docena de ocasiones claras de gol. Admiro a los aficionados imparciales que apoyan a los que siempre intentan ganar y desconfían de los que demasiadas veces tratan de no perder. De verdad, no es lo mismo.

Finalizo con un ejemplo. Hoy miles de aficionados “blues” celebran que su club ha conquistado su primera Copa de Europa, sin importarles demasiado los medios utilizados para ese fin. Pero hoy, mañana y siempre miles de aficionados imparciales recordarán a esta Selección Española de Fútbol, un grupo de deportistas que ha conseguido lo más difícil: GANAR Y ENAMORAR. Eso no tiene precio. Eso es maravilloso.

Escrito por Carlos Sánchez Blas el 21/05/2012
 
 
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