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Litros de lágrimas

En Vallecas, la cosa va de lágrimas. Lágrimas de frustración por la gestión que están haciendo del club del barrio, el Rayo Vallecano de Madrid (aún no han cambiado el nombre). Los “castings” de entrenadores no se extinguieron con la marcha de los Ruiz Mateos, este mes de junio de 2012 ha demostrado que la tradición continúa. El Presidente del Rayo, Javier Tebas, y el Director General, Antonio Fernández Monterrubio, deciden, mandan y ejecutan. Raúl Martín Presa nunca pintó nada… y ahora ya no tiene ni brocha.

La guinda del surrealismo llegó con la manera de comunicarle a Sandoval que no contaban con él. Fue en el chalé del “experto en concursales”. La decisión se la transmitió el propio Tebas (¡incluso mandó callar a Presa y Miñambres!), un tipo que no trabaja en el Rayo, sino para el Rayo, pero que ejerce cada día como Presidente “de facto” del club de la franja roja. Una franja que a Javier Tebas le importa una mierda. Desgraciadamente para él y afortunadamente para la hinchada franjirroja, esa franja luce el color del sentimiento, no del dinero. Lo peor que pueden hacer unos dirigentes es ignorar la idiosincrasia del club que gestionan. El Rayo es su barrio. Y el barrio de Vallecas se mueve por sueños y orgullo, no por dinero.

Estoy absolutamente convencido de que la afición del Rayo Vallecano tendrá que salir otra vez a la calle para “recuperar” su club. He pensado muchas veces que lo mejor para el “Rayito” hubiera sido comenzar de cero, arrancar en Preferente, cortar los “hierbajos”, amanecer a primera hora de la mañana  para terminar con una gran fiesta a última hora de la noche. Costaría unos cuantos años, pero desde la cumbre del idealismo sería precioso proclamar el “odio eterno al fútbol moderno”. El Rayo nunca morirá porque posee lo más importante, lo único esencial que necesita una entidad de fútbol: la gente. Esa gente no se merece la “porquería” actual, más allá de tener el privilegio de disfrutar cada fin de semana de la Primera División del balompié español.

Hoy se cumple un mes del “Tamudazo”. Un mes. Parece que haya pasado ya un año. Pues no, ocurrió hace sólo 30 días. Todavía recibo correos y mensajes de rayistas confesándome que se siguen emocionando cuando escuchan cómo sonó por la radio el gol de Tamudo. Que lloran como bebés, que les aprieta el nudo en el estómago, que se emocionan hasta el infinito y más allá. Eso es impagable. En lo personal, no tengo palabras para expresar lo que significa para mí, nunca podré corresponder a tantos amigos y aficionados el cariño que me brindan. Es muy emocionante, mucho.

El “Tamudazo” es uno de los momentos más increíbles en los 88 años de historia del Rayo Vallecano. Los que estuvieron aquel día en “Vallekanfield” jamás olvidarán el rugido del estadio, las caras desencajadas, la alegría incontenible, el abrazo eterno a la felicidad. Inolvidable para el rayismo. Será siempre un recuerdo imborrable. Litros de lágrimas. Lágrimas de alegría. Eso ni se compra ni se vende. Ni se secuestra. Ni se “concursa”. Eso es coto privado de los que lo sienten.

Escrito por Carlos Sánchez Blas el 13/06/2012
 
 
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